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jueves, 16 de abril de 2009

parte de la religión

Anoche conocí a un chico mientras esperaba en la puerta de La Trastienda a que lleguen unos amigos.

Me encontraba sentada en la vereda de enfrente cuando el muchacho en cuestión se me acercó con una botella en la mano. La botella era claramente de vino a pesar de la bolsa en la que estaba metida y que hacía las veces de "ocultador de botella".

Era un chico de Avellaneda, había venido desde allá para ver a El Mató a un Policía Motorizado, una banda que le gustaba mucho.

Charlamos un rato, y cuando noté que mis amigos merodeaban las inmediaciones de la puerta, me despedí amablemente y me fui con ellos. Y el chico se quedó en el umbral, en el escalón, con su botella de vino colón.

Entramos, poca gente. La banda soporte era Hacia Dos Veranos y todavía faltaba un rato para que comience la velada. Cerveza por aquí, cerveza por allá. Feria de discos, flyers: nuestras estampitas.

Habiendose llenado un poco más el lugar, la primera banda comenzó.

Y lo que siguió, no fue una muestra ni de virtuosismo, ni de perfección sino de puro sentimiento.

Hacia dos Veranos es una banda que me gusta mucho. Me gustaría decir el por qué, pero es que no lo sé. Es simplemente música. Es el ruido mismo hecho música: creo que ahí reside su encanto.

Y es que esos chicos, realmente sienten, y es que se trata un poco de eso, de sentir. Y de creer.

Y yo no sé como será en el resto de sus días, pero esos músicos, en ese momento exacto, interpretando su música, eran felices, y no hacia falta tener una súper percepción para sentirlo, no: era palpable y visible y sobre todas las cosas real. Tan real como la música que nos rodeaba.

Es que esos músicos destilaban amor, amor por lo que hacían, amor por ese momento, y era notorio como, a pesar de que sea cursi, el amor embellece aún más las expresiones.

Y en esos momentos, cuando la música es buena, envuelve. Y el set fue corto, que pena, y efímero.

Pero que el escenario quedó listo para lo que vendría, yo puedo asegurarlo. No lo sospeché nunca, pero lo sentí.

Y pasó un rato y una canción en repeat constante hacía las cosas un poco tediosas. Por suerte existe la buena conversación. Yo no sé a quien se le ocurre que una canción estilo evanescense en constante final/comienzo es algo bueno para aclimatar un reci. Pensé en Morrissey,

quemen la disco
cuelguen al bendito dj
porque la música que pasa
no tiene nada que ver con mi vida

(ni con el momento)

Y entonces las cortinas se abrieron, y ya había mucha más gente. Eran chicos, eran jóvenes, bastante.

Y la música comenzó.

Y ellos comenzaron.

Bastaron pocos segundos para que varios chicos y muchachas dejaran de pensar en todo y se entregaran al pogo, al baile, a la ceremonia.

Estaban fuera de sí, se movían constantemente, ellos y sus labios, es que simplemente no paraban de contonearse.

Y era un pequeño mar de gente, pero generaban una gran marea.

Y dicen que la fé mueve montañas. Yo creo que mueve el mar.

Entonces recordé cuando tenía 16 ó 17 años, todo era nuevo, todo era sorprendente, todo era digno de fé.

Esos chicos arriba del escenario, esa música. Y si, cuando uno tiene el oído entrenado puede escuchar diferentes cosas y decir "esto se parece a tal o cual banda", es decir, reconocer influencias y si, yo escucho Franz Ferdinand hoy y puedo decir Gang of Four. Es así, es cierto.

Y puedo asegurar entonces, que El Mató a un Policía Notorizado escuchaba exactamente la misma música que escuchaba yo cuando era chica, que alucinaban con lo mismo. Es así, es cierto.

Y el truco está ahí, porque las bandas son un ida y vuelta, son una eterna cadena de links, y cuando yo empecé a escuchar música, a ver bandas, escuchaba a Fun People para luego agenciarme un disco de Black Flag.

Y con El mató... el camino es absolutamente inverso.

Pero para esos muchachos y chicas que bailaban adelante de todo, cantando, saltando y lo que sea más, el camino recién comienza.

Y yo podía ver que, así como yo creía en Fun People, que realmente les compraba, en el sentido real y metafórico, su música, esos chicos, realmente creían en la música de E.M.a.u.P.M.

Y yo sentía que, de tener una banda, seguro que sería como El mató... ya que compartimos los gustos, y lo noto. Mi banda sonaría como e.m.a.u.p.m., si.

Porque de eso se trata la música, de creer que siempre puede haber algo que puede sorprender, que podemos no conocer, y que nos puede afectar, que nos puede cambiar.

Y la pose que se adquiere con los años, con el hastío de haber visto mil veces lo mismo, no tiene válidez en ese momento, en el momento que se presencia como la música, LA MÚSICA, afecta a las personas, las mueve. Deja de tener validez, si, y no queda otra más que rendirse al ritmo, a la melodía, a la canción. A la música, nuestro Dios. Y bailar.

Puedo decir que vi como muchos jóvenes, que no son la mayoría, de hecho son amplia minoría, creían en esa música, en eso que para muchos sería ruido, que a ellos los deleitaba, nos deleitaba.

Y claro que tenía sentido que un chico solo haya venido desde Avellaneda para ver a la banda que le gusta, porque lo hicimos, aunque ya casi no lo hago, a pesar de que tiene sentido cuando de música se trata. Tiene sentido.

La resistencia existe, no todo está perdido cuando de rock de acá se habla. La demostración de fé ante esas apocalipticas canciones eran un contraste interesante y sobre todo bueno.

Y no estoy diciendo que El mató a un policía motorizado sean Los Salvadores del Rock, estoy diciendo que algunos creen en ellos, en su música.

Estoy diciendo que, aún, algunos creemos.

amigo piedra necesito que
me ayudes con mi auto otra vez
para llegar a ese lugar
nuevo, o - oo.

jueves, 5 de marzo de 2009

40

para celebrar el relato/divague/ lalala #40, les dejo una historia verídica, o sea de la vida real, sobre como entré a ver a Bob Dylan por la módica suma de 30 pé ($, no penélope cruz, dado que en españa, así como nosotros decimos susana diego beck, a la actriz le dicen así)



El primer disco que escuché de Bob Dylan fue en el año del novio juanmanuel. Éste, con mucho amor y dedicación, me grabó Highway 61 Revisited en un cd que tenía varios discos más en formato mp3. En ese disco estaban también, y primeros por un asunto alfábetico supongo, Hunky Dory, Ziggy Stardust y Aladin Sane de David Bowie.


Y ahora que lo pienso, Bob Dylan y David Bowie tienen las mismas iniciales pero al revés.


El asunto es que después de escuchar tres discos tan inmensos como esos, dudo que a alguien le quede espacio mental para más inmensidad. Por ese motivo, Highway 61 Revisited no me impresionó tanto como lo hicieron aquellos discos que mencioné.


De todas formas, en uno de esos discos había un indicio del enamoramiento posterior que experimentaría por el otrora señor Zimmerman.


Porque en Hunky Dory, efectivamente, hay una canción para Bob Dylan.


Y al año siguiente, tuve otro novio. Éste novio, no se podría decir que era fanático de Bob sino que era directamente un ferviente devoto (en el sentido más religioso de la palabra) de él.


Y justamente por negación, porque los fanatismos me molestan, en todo el año que duró la relación, jamás escuchamos nada de Dylan, y yo simplemente decía "escuché Highway 61 y no me impresionó" como excusa a esa devoción que creía injustificada.


Y me acuerdo que él siempre decía que si tenía un hijo le iba a poner Dylan, y entonces, yo simplemente pensaba que era una idea estúpida.


Que equivocada que estaba.


Y cuando se terminó el tema ese, recién ahí, cuando dejé ir al novio judíoenfermodeBobDylan, escuché Blonde on Blonde, y ahí entendí todo.


Y tenía sentido que Bob fuese el mesías y que se haya negado a serlo.


Todo cuadró perfectamente.


Fue en el verano que pasé con Pedro. Y es que Blonde on Blonde es tan gigante, tan obra maestra, que deconstruirlo me tomó una estación entera.


Y así como llegó marzo, llegó el otoño y también llegó Bob. Y claro que yo no tenía entradas.


Nunca tengo entradas.


Y era el 15 de marzo, y Bob estaba. Y esa tarde me encontré con un amigo. Y decididos a verlo como estábamos, fuimos a su encuentro.


Llegamos, y conseguir entradas era complicado. El telonero, era León Gieco, un artista que no me gusta en absoluto. León Gieco es tan, muy, tan opuesto a Bob. Es que él es tan... bono. Por suerte lo perdimos. Pero encontramos a un grupo de locos.


Locos de verdad.


Y si, resulta que hay una disposición que dicta que los enfermos, minusválidos y esas cosas tienen derecho a asistir a shows o eventos deportivos sin pagar nada. Es una disposición. Es.


Y ahí estaban ellos, que naturalmente, querían ver a Gieco. Amontonaditos, completamente pasados. Y nosotros con nuestras caras de sin entrada. En un momento dado, uno de ellos se nos acercó. Sigilosamente nos preguntó si queríamos entrar, le dijimos que si.


Cincuenta pesos a cada uno pidió.


No way man, estamos hablando del campo.


Treinta, hecho.


Así fue como por ese día, por unos minutos, fui la acompañante terapeutica de una mujer sin dientes que no paraba de reirse, que amenazaba a los guardias de seguridad, que empuñaba una botella de gaseosa barata con quien sabe que líquido adentro.


Finalmente entramos. Y nos separamos de los locos.


Fui al encuentro de mi novio de ese momento. Y lo besé cuando Bob (que de tan lejos podía ser Joaquin Sabina con sombrero y nunca lo sabría) tocó Just Like A Woman.


Que tardé en reconocer.


Pero que amé lo mismo.


Porque es así: hay chicas que aman a sus novios.


Y chicas que aman a Bob.


Como yo.


Y para siempre.




Oh, hear this Robert Zimmerman
I wrote a song for you
About a strange young man called Dylan
With a voice like sand and glue
Some words of truthful vengeance
They could pin us to the floor
Brought a few more people on
And put the fear in a whole lot more

martes, 24 de febrero de 2009

casi casi

querido diario:

Hoy estuve pensando en que me gustaría empezar a escribir una novela que trate sobre la existencia de dios, el azahar y también sobre la teoria de que si dios no existe está todo permitido, pero como perdí la subasta de mercado libre de un par de patines blancos con bota y todo, decidí que en realidad odio al mundo y, como no tengo ganas de pensar en algo como eso, simplemente voy a contar algo que me pasó ayer.

En los últimos días, debido al exceso de tarea atrasada sin entregar de la escuelaesaterciariaalaqueasisto, me pasé bastante tiempo en casa, jugando al buscaminas, buscando fotos de bebés deformes, leyendo la wikipedia, haciendo los trabajos que adeudo y mandando curriculums a varios lugares, entre ellos mtv. Si, porque aún conservo intacto mi sueño de ser la ruth infarinato de mi generación.

Y así fue como ayer a la tarde el ring del teléfono interrumpió la partida de strip poker online que estaba manteniendo con JackDaStripper85, cosa que no me importó demasiado porque el tipo se dejaba ganar y jugar así ya era aburrido. La cuestión fue que me llamaron del canal de música ese para hacer un programa con los Hanson argentinos o sea los Airbag. Por lo que me comentó la chica, el programa consistía en cocinarles (en mi casa, me imagino) a los hermanos Airbag. Por un momento pensé en decir si, pero en el cuarto de segundo de lucidez que tuve me imaginé la siguiente situación:

Personajes: iojan -I-
Hermano airbag 1 (el baterista que tiene look hair metal onda bret michaels) -HA1-
Hermano airbag 2 (el que canta, que es una mezcla de chabón con tapado de cuero tipo grupo de cumbia Ráfaga y peinado y maquillaje re onda Misfits) -HA2-
Hermano airbag 3 (el que queda) -HA3-

No sé si lo sabrás, querido diario, pero soy una verdadera inútil en la cocina, ya que sólo me puedo jactar de saber tres recetas: esa salsa llena de cebollas y ajo, un revuelto que en realidad inventé cuando desistí de la idea de hacer tortilla -dado que nunca las podía dar vuelta con éxito- y panchos.

I: Y, ¿les gusta el revuelto que les cociné?
HA1: (con cara de asco) eh... si está muy rico
I: que bueno... cuentenme, ¿es muy dificil vivir sabiendo que son un invento de marketing con tres años de vida útil como máximo?
HA2: No somos un invento, yo toco la guitarra desde los 4 años...
HA3: y yo, el bajo desde los 5
I: en una revista, leí que su grupo nacional favorito es Rata Blanca. Ellos, hasta antes de la aparición de la radio mega, que los resucitó, hacían cumbia... ¿No les da miedo tener un futuro similar?
HA3: No, porque nosotros tenemos una base musical muy sólida, sabemos lo que queremos y lo nuestro es el rock y hacer discos del año.
I: Naaah, ¡¡¡si ustedes lo que quieren es levantarse minitas!!!
HA2: ¿me parece a mi o nos estás bardeando? ¿Pero que a vos no te gusta la banda?
I: (perdiendo la paciencia): ¿que me estás diciendo? Ni en pedo pago para verte. Estoy haciendo esto, en realidad no sé por...
HA1: (interrumpiendo) Sabés que? este revuelto es una mierda...
I: pero porque no te vas a hacer un peinado decente, fan de gun's and roses...?

(en ese momento, el HA1 revolea el plato y se genera una guerra de comida que termina cuando el perro pedro muerde al HA3 en el tobillo cuando este, intenta pegarme una piña)

Conclusión, diario:
rechacé la muy interesante propuesta de mtv, dado que todavía me queda algo de dignidad, y no quiero aparecer en la tele haciendo de groupie de un grupo de emos truchos y que encima, el gordo migral y el nerd me gasten por el resto de mi vida.

Así que después de ese llamado extraño me puse a ver los capítulos atrasados que tenía bajados de Gossip Girl y a pensar en algún buen tema para hacer una investigación para la escuela. Mis opciones hasta ahora son "Fabricación de muñecos en la república argentina" o "Porque ya no hay niños acordeonistas en la calle Florida"

Antes de ir a dormir me vi una entrevista hecha por Mauro Viale a Carlos Perciavalle y no pude evitar quedarme pensando en la frase "Lo de la cocaína duró dos años, y la verdad, estuvo bárbaro".

Me pregunto si los airbag tomarán coca...

lunes, 23 de febrero de 2009

Esteban, rolinga.

Hace muchos muchos años, cuando estaba en la primaria, tenía un compañero que se llamaba Esteban Ramírez.

Esteban tenía 10 años y no hacía falta tener mucha visión a futuro para percibir el tipo de adolescente que perfilaba ser. Alto, delgado, y muy desgarbado, era uno de esos a los que cambian de escuela en quinto o sexto grado. Así que durante cerca de seis meses o más, para nosotros, entre nosotros, no fue Esteban, sino "el nuevo".

El nuevo tenía hermanos mayores. No era muy dificil darse cuenta.

Sólo con la distancia que da el tiempo pasado uno puede distinguir, y con razón, a los compañeros que tenían hermanos mayores de los que no. Porque los que tenían, siempre sabían algo más.

Era así.

Y me viene a la mente ese incidente que me contó Gisela Kutsch en tercer grado sobre esa vez en la que su hermano mayor, Martín, ganó un concurso de disfraces con El Disfraz Definitivo de Axl Rose. Si, porque a la hora de interpretar roqueros todos tenían jeans rotos, pero sólo Martín tenía calzas, probablemente robadas del bolso del gimnasio de la madre, y una de esas camisas cuadrillé rojo y negro que tan bien le queda a cualquier lesbiana del barrio.

No hacía falta ser muy observador para darse cuenta de que el hermano o hermana mayor del nuevo era rola. Si, le gustaban los Rolling Stones y para el caso también, los Ratones Paranoicos. Y por consiguiente, a Esteban también.

En esa época, para el resto de los peatones que circulaban por ahí, los Ratones Paranoicos eran esa banda que hacía la canción del programa de Tinelli. Y cantaban el rock del pedazo, y nosotros nos rompíamos la cabeza intentando darnos cuenta de qué era el pedazo.

Y Rolling Stones, era esa banda que vino en 1995, y que tenía ese video dirigido por David Fincher que daban en mtv todo el día. Y a mi, que me encantan los datos, simplemente me llamaba la atención que Charlie Watts era el más jóven y también era el más canoso.

Creo que es importante destacar que Esteban fue uno de los primeros en venir con una remera de banda a la escuela. Porque, seamos sinceros, a los diez años nadie tiene una remera de banda así como así.

Y en mi grado, los que usaban remeras de banda, ese año, eran cuatro: los ramoneros Juan Esteban, Rubén y Gabriela (que estaba enamorada de Rubén) y Esteban, el rola.

Mucha gente no lo recuerda bien, pero en la primaria, uno se la pasaba conversando. Sobre lo que sea. Y lo bueno, es que tampoco había forma de confirmar si lo dicho era mentira o no, salvo que seas Gabriela Campilongo intentando hacerle creer a tus amiguitas que Diana Lamas es amiga de tu papá y que te invitó a ver como se grababa Amigovios el jueves después de clase y que, para desenmascararte Johana haya sacado lo mejor del detective que lleva adentro y haya urdido un ingenioso plan para... bueno, esa es otra historia.

Entonces:

Creo que estaba intentando dibujar un caballito cuando Esteban se me acercó. Tenía puesta una remera de los Ratones Paranoicos y tenía la carpeta en la mano. La carpeta tenía una calcomanía con la lengua de los Rolling Stones. De eso me acuerdo perfectamente. Me preguntó por un problema que había tenido para diferenciar un circunstancial de lugar de un objeto directo y luego de aclararda la duda, comenzó su relato.

Creo que es una de las pocas conversaciones que recuerdo haber tenido con Esteban. Y lo más gracioso es que fue un monólogo.

-Sabés que el otro día estaba en mi casa y tenía un presentimiento. Un presentimiento feo. Me había acostado a dormir la siesta y cuando me levanté, le dije a mi vieja que me llevé a lo de Juanse, porque sentía que sino, podía pasar algo. Y fuimos, y justo lo vimos salir de la casa, y le grito "E JUANSE" y no va que justo estaba cruzando la calle, y paró para saludar con la mano, y justo venía un auto y si no era por el grito capaz que lo atropellaba, yo que sé.
-y después?
-nos volvimos a casa
-ah, o sea que sólo saliste para salvarle la vida a Juanse.
-si, mas o menos.

No se me ocurrió preguntar como es que sabía donde vívía Juanse. Tampoco se me ocurríó preguntar por esa madre tan flexible, que sale para llevar a su hijo a la casa de un roquero, sólo porque el chico tuvo un mal presentimiento al levantarse de la siesta.

Supongo que uno simplemente a esa edad no piensa en esos detalles.

A veces me cruzo con Esteban por el barrio. Y lo reconozco porque está igual, sólo que tiene una sombra que hace las veces de barba. Y es alto, flaco, desgarbado, y si, medio bastante rolinga.

Creo que la última vez que lo vi, tenía una remera de Viejas Locas y un morral.

viernes, 13 de febrero de 2009

alanis y yo

Sí se entiende que el primer disco que alguien compra en su vida es aquel que es elegido con sumo cuidado, ya sea por las canciones , el artista o lo que sea, aquel que se paga con dinero propio, ya sea ahorrado de los vueltos, o regalado por alguien más, a una edad donde la plata no se obtiene a cambio de trabajo, yo podría decir que el primer disco que compré en mi vida fue Jagged Little Pill de Alanis Morissetette en 1997.

Ya desde 1995 Alanis me gustaba. Me parecía una genial respuesta a las madonnas, las kylies, las mariahs y las whitneys. Y en esa época mtv era un canal de música. Y yo no puedo decir que viví el grunge (aquello de lo que Alanis era apenas un resquicio) . Yo viví el brit-pop.

1995 fue un año puente: un año antes, kurt se había volado la cara. Oasis y Blur ya estaban en actividad, pero aún no eran ni tan populares ni tan antagónicos. En 1995 salía What's the Story (Morning Glory) de Oasis, y se cumplía la promesa hecha un año antes en Definitely maybe. A su vez, Blur hacía lo propio: en 1994 editó Parklife y en el '95 The Great Escape. Y Pulp, la tercera pata de la mesa, en esos mismos años, sacaba His 'n' Hers y el absolutamente genial Different Class.

Mientras tanto, y del otro lado del océano, el grunge agonizaba y mutaba. Después de dos discos tan incendiarios y sensibles como Gish y Siamese Dream, Smashing Pumpkins sacaba, en 1995 el tan extraño, extenso, hermoso e inmenso Mellon Collie and the Infinite Sadness. En 1995 Foo Fighters ya existía y en 1995 yo tenía once años.

Motivos por los cuáles, todas esas cosas recién enumeradas no las descubrí sino hasta 1997, el año en el que empecé a comprarme discos.

Pero si, claro que veía televisión (y mucha) y escuchaba la radio. Entonces, cuando esas bandas estaban de moda, si bien no tenía los discos, veia sus videos y escuchaba sus canciones.

Quizás por ser chica, tanto en edad como en género, la figura de Alanis me llegó tanto. Realmente no sé en que cosas me podría sentir identificada con aquella mujer que a sus 24 años cantaba con una incleíble furia que el novio la había dejado por otra cuando en realidad, a esa edad yo ni siquiera me besaba con, bueno, con nadie.


El asunto es que ella me gustaba tanto tanto que en 1996 le pedí a mi papá que me lleve a obras a verla. Nunca había ido a un recital en mi vida, pero a los once años, sentía que tenía que ir. Rubén me dijo que no tenía problema y que, como si se tratara de un trato, yo podría acompañarlo a ver a Memphis la Blusera, una banda que me daba bastante lo mismo.

Al final, la fecha del recital llegó y, a pesar de mis constantes recordatorios, no fuimos. Rubén nunca me dio un motivo válido para el incumplimiento de esa promesa. Pero sucedió así. Y a mis tempranos once años, ya odiaba a mi papá, porque bueno, los niños son así y una promesa hecha a un niño es una promesa que hay que cumplir, porque los niños creen en lo sagrado de las promesas y los juramentos.

Así que esa noche, mientras quien sabe que ropa tendría puesta Alanis, quien sabe que canciones habrá cantado, quien sabe como habría sido la lista de canciones, nosotros, la familia, estábamos cenando en un restaurant que nada tenía que ver con el entonces estadio obras sanitarias. y yo con cara de orto. Tenía once años y ya era muy antipática y tenía cara de orto. Los adultos se divertían en su mesa, y los niños a un costado dormían en sus sillas, con sacos haciendo las veces de almohada y yo pensando en la promesa rota.

En 1997 empecé primer año en un colegio industrial y a fines de marzo, mis escasas compañeras de curso, que al cabo de un mes ya eran mis mejores amigas, me regalaron un sobre con algo así como 15, 20 pesos para que me compre algo que me guste.

Y lo recuerdo perfectamente. Ir a la disquería del barrio, que hace más de cinco años es una tienda de ropa, preguntar cuanto sale y llevarlo. Así, sin más.

Y claro que me cansé de escuchar ese disco. Y claro que me sé todas las canciones. Y claro que aún hoy recuerdo las letras y los videos. Y claro que el librito del cd está medio hecho mierda de tanto mirarlo, leer las letras, los créditos, los agradecimientos.

Porque es así: tenés doce años y la música es un mundo completamente nuevo que se abre y que no tiene límites. Hay de todo, de todos y mucho. Y uno piensa en esas personas que tienen millones de discos, ya sean de vinilo, en cassettes o en cd y se pregunta si todos esos discos fueron escuchados con la misma atención e intensidad con la que se escuchó el primer disco comprado.

Y pasaron los años, y pasaron los gustos y crecí.

Y en 1998 salió Supposed Former Infatuation Junkie y en 1999 Alanis volvió y no hubo Rubén que valga. Y fuimos al luna park con mi vecina/compañera de inglés, Diana y con Melissa, mi mejor amiga (punk) repetidora.

Y creo que fue el primer recital al que fui. O por lo menos, es el primero que recuerdo. El luna park lleno, una banda soporte que se llamaba Auge que era bastante inmunda pero que me gustó lo mismo. Era la emoción.

Y todavía tengo por ahí el programa y una pua amarilla que regalaban como souvenir.

Y entonces, resulta que la semana pasada Alanis Morissette estuvo en Buenos Aires. A casi diez años de esa visita.

Salí del trabajo, me fui a merendar con mi amiga Linnea y a eso de las nueve fui al Luna Park.

Y entre 1999 y 2009 escuché mucha música. Y cuando descubrí que Alanis no era más que algo de Joni Mitchell, algo de Carole King, algo de Jeff Buckley y algo de muchas y muchos más, productor incluído, dejó de parecerme la gran cosa. Su estilo confesional casi que me daba asco. Me parecía música para gordas feministas y algo resentidas. Recordé ese episodio en el cuál, en un mismo instante me compré Under Rug Swept, el tercer disco de Alanis y The Velvet Underground and Nico. Y recordé que cuando los escuché, el disco de Alanis me pareció una porqueria en comparación.


Pero de todas formas fui. Las entradas salían entre 80 y 400 pesos y pensé que nadie iba a pagar eso para ver tamaño dinosaurio de los noventa.

Que equivocada estaba.

En el diario, ese mismo día, el jueves pasado, salió una nota en el que, entre otras cosas, contaban que las entradas estaban agotadas. Pensé que sería mentira, que era una maniobra de prensa.

Que equivocada estaba.

Porque al llegar, lo único que había era gente y más gente. En su mayoría mujeres. Y sentí vergüenza y asco de estar ahí. Con todas esas personas que aún pensaban que ella era magnifica y que pagaban para verla. Mi intención al ir, era claramente la opuesta. Porque, a pesar de que puedo, no había forma de que pague ni un peso para ver a alguien que es apenas el recuerdo de una admiración infantil y desmedida. Creo que se llama desencanto.

Y esas personas congregadas ahí, son las mismas que dicen que r.e.m. es su banda favorita. Son las mismas que creen que porque tienen un disco de aerosmith les gusta el rock. Son las hermanas de tu novio, o tus primas que escuchan radio disney y que piensan que Avril Lavigne realmente es punk.

Es que la gente no entiende.

Y yo tampoco entiendo.

Por eso me fui. Estaba en la puerta y ni siquiera lo intenté. Me subí al 140 y me fui a lo de Linnea.

No vi a Alanis Morissette y no hubo Rubén de por medio.

El jueves me exorcicé de ella y también de él.

Y para festejarlo nos fuimos a bailar.

Igual, de todas formas, más allá de todo esto, sigo pensando que You Learn es una buena canción.

martes, 2 de diciembre de 2008

phoetichismo

Todas las chicas tienen un pequeño fetichismo secreto robado de algún lugar. Es así. En realidad, no puedo asegurarlo, pero casi podría afirmarlo.

El mío lo robé de aquella novela, lar vigenes suicidas, que lei hace muchos años.

Junto estampitas de virgenes. Como las chicas de la novela.

Era un secreto. Pero ya no. Algunas personas lo saben. La mayoría no. De todos modos, si se ponen a pensarlo, probablemente no conozcan el fetichismo secreto de la mayoria de sus conocidas y conocidos. El coleccionismo es así: uno se preocupa más por el propio que por el ajeno.

Una tarde, el 9 de diciembre de 2007, para ser exactos, me encontré dando vueltas por san telmo, era domingo. Hacía calor.

Esa tarde, la banda francesa phoenix tocaba en la trastienda, un lugar donde suelen tocar bandas en la ciudad. En esa época, trabajaba los fines de semana en la zona del centro. Quizás, si no conocen buenos aires, no sepan que el centro y san telmo, están relativamente cerca. Así que, para hacer tiempo, me fui a pasear por esa zona tan bonita de la ciudad.

Los fines de semana hay una feria que se instala en la calle. Hay muchos puestos y venden de todo. Lo que se imaginen. Y en una caja, allí las vi, abandonadas, dos virgencitas. Dos imagenes, de plástico. Una brillaba en la oscuridad, la otra era pequeñay uno de los dedos de su manito estaba rota. También le faltaba la aureola o lo que sea que tienen las virgenes encima de sus cabezas. Las compré. Las metí en el bolso. Fui a ver si habían entradas. Era la tarde.

En la puerta del lugar, encontré que la boleteria estaba cerrada, pero el lugar, abierto.

Debo admitir que esa banda phoenix, a pesar de que no es la gran cosa, me gusta mucho. Bastante. Yo creo que me gusta, porque es música simple. A veces, la música simple está más que bien. Está más que muy bien.

Y allí estaban, saliendo de la prueba de sonido algunos de sus integrantes. Caminaron un par de cuadras, se reian y sacaban fotos de los edificios del lugar. Los seguí. Me sentí un poco psicópata, así que simplemente me acerqué, los saludé, les dije que su banda me gustaba mucho. Y me invitaron a ir a verlos. "Pedí por nuestra lista" me dijeron.

Me sentí agradecida de mi golpe de suerte. Así que, allí mismo, abrí la cartera y saqué una de las virgenes. En un inglés bastante pobre, traté de explicarles que no es que fuera una persona religiosa o algo por el estilo, sino que me gustaban esas imágenes. Acto seguido, el tecladista de la banda sacó un puñado de estampitas del bolsillo. Al parecer, a él también le gustaban las virgencitas y los santitos. Entonces, saqué la billetera de la cartera.

allí es donde guardo las estampitas que junto.

Le ofrecí las que quisiera. Eligió una con una foto de una imagen y un subtitulo que rezaba "maría reina de la paz".

Les agradecí nuevamente y seguí mi camino.

Es curioso si lo piensan. Era una situacíón circular.

O sea: en el libro las vírgenes suicidas, las chicas juntan estampitas. Ese libro fue llevado al cine por sofia coppola, y en el soundtrack, la canción principal es interpretada por air y por gordon tracks, quien no es otro que thomas mars, el que canta en phoenix, la banda que tocaba ese domingo.

A veces la vida es más una situación circular que lineal. pero sólo a veces.

Si, sigo juntando estampitas. Y las virgencitas, velando el sueño.

miércoles, 26 de noviembre de 2008

gran despedida

En el verano del año 2005 trabajaba en una fábrica de chucherías en el barrio de chacarita. No fue un verano como cualquier otro, ya que ese verano fue uno de los primeros en los que tuve que trabajar y realmente el tiempo constituía una extraña dicotomía, valga la redundancia, temporal. De 8 a 17 el tiempo pasaba tan lento que una semana equivalían a dos y de las 17 en adelante, pasaba tan rápido que una semana era apenas uno o dos días.

En la esquina de la fábrica había un kiosco que era atendido por el marido de una de las mujeres que trabajaban conmigo. Estoy convencida de que el kiosco sobrevivía gracias a los empleados, casi exclusivos clientes en un barrio donde nunca pasaba nada y peor aún nadie. Era extraño ver las calles y las paradas de colectivos atiborradas de personas hacia el principio y lo que sería el principio del fin del día y el resto del tiempo... poca gente por ahí: señoras con los mandados, y gente que paseaba perros, algún que otro niño que había zafado de la colonia de vacaciones y no mucho más. Eso era Chacarita aquel verano. Es así como lo recuerdo.

Antes de salir hacia el trabajo siempre veia las noticias en la televisión. Al trabajar en una fábrica uno no se entera demasiado de las cosas que suceden en el mundo, y si bien la radio es una compañia que sirve para éstos menesteres, por preferencia general, en la que yo no me incluía, se escuchaba radio disney o cualquier otra fm que pasara canciones de shakira, alejandro sanz o cualquier porqueria que estuviera de moda.

Y bueno, la mañana del 25 de febrero, me desayuné con la noticia de que Pappo se había muerto en la ruta, en un accidente con la moto. Fue una noticia triste pero cuando, en el transcurso de la mañana, se comentó entre los compañeros de trabajo mientras hacíamos nuestras cosas, nadie le dio demasiada importancia. Para ellos, supongo que Pappo no era más que el tipo que cantaba la canción de la vieja.

Así transcurrió el día. Hasta las cinco de la tarde.

Fue entonces cuando a la salida del trabajo vi que el kiosquero estaba cerrando. Era raro. Eran las cinco de la tarde:
- ¿eh claudio que hacés que cerrás tan temprano?
- me voy para el cementerio, a despedir al Carpo- me respondió. Aparentemente el kiosquero tenía una cierta afición musical hasta entonces secreta para mi.
-¿posta? uuu voy con vos
-dale, venite

Así fue como en cuanto terminó de bajar la cortina, paramos un taxi y le pedimos que nos lleve al cementerio, que en realidad era bastante cerca, lo más rápido posible.
- miren que está bastante complicado - dijo el tachero - con el tema de lo de Pappo...
- yo vi en la tele que el coche llega a las cinco, espero que no sea muy tarde - dijo claudio
- ¿sabés en donde es exactamente? - pregunté
- me parece que en el panteón de sadaic, igual nos vamos a dar cuenta porque seguro que algún otro fanático va a ir - respondió el señor kiosquero.

Cuando llegamos, no lo podía creer: el lugar estaba muchísimo más que atestado de gente. Más llamativo aún, era el hecho de que el 80% de la concurrencia estaba vestida de negro, (y no porque fueran al cementerio claro está) y no pocos ostentaban campera de cuero ( o pantalones en su defecto ) y tachas en pleno febrero y con muchísimo calor.
Enseguida perdí a mi acompañante y me encontré con la soledad de la multitud. Lleno de metaleros, podría asegurar que si bien estaban tristes, no lo demostraban. El Carpo no hubiera querido eso, aunque seguramente se habría sentido orgulloso del tremendo pogo que se armó en cuanto llegó, retrasado por supuesto, el auto que contenía sus restos.

En cuanto los metaleros se dieron cuenta de la llegada, no dudaron en poguear y cantar a los gritos Sucio y Desprolijo. Y yo en el medio. Algunas personas se habían subido a los techos de los panteones aledaños para ver mejor el cuadro. No sería poco aquella marea negra descontrolada en el cementerio. Pogueando como si aquella fuera la última vez. Que lo era.

Gente desconsolada, amigos, desconocidos, fanáticos, y viejas. Juro que en ese lugar había más de una vieja que afirmaba que "Norberto era un buen chico" y allí estaban para despedirlo como se lo merecía. Cuando el coche llegó al panteón, los metaleros se calmaron y lejos de la época del mp3 y esas cosas, recordaron cuando habían conseguido tal o cuál pirata en el parque rivadavia y cuando Pappo había hecho tal o cuál cosa en tal o cuál recital. Eran muchos, y de todas las edades. De negro, con remeras de bandas y jeans rotos.

No obstante lo cuál, no faltó un detalle de color que me pregunto, habrá visto alguien más: en el medio del pogo, cuando llegó el coche, se encontraba en el medio de esa hecatombe, supongo que sin intención de estar en medio de esa horda de descontrolados, un glamourosisimo Michel Peyronel que no paraba de vociferar "Chicos se me perdió el celular, ¿alguien lo vio?". Creo que nadie lo escuchó a propósito.

No podría asegurar que aquello era una fiesta, pues no había nada que festejar, pero si puedo asegurar, que esos "todas las mañanas son iguales" eran cantados con un gran, grandísimo sentimiento y ese pogo uniforme era la demostración más genuina de cariño que alguna vez presencié.

Aquel verano en el que trabajé en esa fábrica, todas las mañanas eran iguales. Afortunadamente las tardes no. Lástima el motivo de que esa tarde haya sido así.