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miércoles, 7 de julio de 2010

7 de julio /// northampton --- londres


Entonces me levanté temprano, me bañé, armé la mochila y nos fuimos todos juntos.



Se había hecho un poco tarde, así que Adam llamó un taxi. Me despedí de Mary y con Nathan salimos para el centro.


Nathan tenía que ir a buscar a su hermano a la estación, así que podía acompañarme a tomar el bus a Londres.


Me despedí de Adam en la puerta de su trabajo y lamenté que no pueda venir conmigo a Amsterdam.


Seis meses después, Adam se mudaría a un apartamento para vivir solo. Al día de la fecha seguimos hablando (vía msn) y su próxima aventura, me contó, es ir hacia el este. Viajar mucho y no volver if possible al pueblo. Realmente desearía volver a verlo. De Nathan y Mary no supe más nada.


Antes de partir, fuimos a un lugar donde todo salía 1 pound. Compré un libro para Thurston, llamado “Postman Pat”. Era un libro para niños, pero como en uno de nuestros paseos por Hamburgo él había mencionado que le gustaban ese tipo de cosas, pensé que se pondría feliz al recibirlo. También compré lápices de colores para la persona que me hospedara en mi próximo destino.


Y si bien habían pasado pocos días desde que dejara Hamburgo, realmente extrañaba a Théo. La mayoría del tiempo intentaba retener lo que veía para luego contárselo. Habíamos estado juntos menos días de los que yo había pasado afuera, pero de todas formas añoraba su presencia.


Así que decidí pasar en Amsterdam tantos días como me vinieran en gana para luego volver a Hamburgo y recién después ir a Berlin y Paris.


En el camino a la estación de bus, Nathan se rió del hecho de que iba a viajar a Londres en pijamas. Y es que era así como me sentía, como para usar pijamas todo el tiempo.


Así que me subí al bus, agité la mano por la ventanilla y Londres here i go again.


Al llegar a la ciudad, el panorama no había cambiado demasiado. El clima estaba horrible y la llovizna se cernía sobre Londres. Hacía calor, hacía frío, había viento. Era un clima realmente desagradable e impreciso.


Dejé la mochila en el guarda-equipaje de la estación y salí una vez más. A las ocho tenía que estar de vuelta ya que el bus a Amsterdam salía a las diez de la noche.


El itinerario era bus, ferry cruzando el mar, bus. El viaje iba a durar toda la noche así que me convenía estar cansada para poder dormir allí.
Salí de la estación y pasé por una feria de antigüedades. Y una vez más, intenté ir a la National Portrait Gallery pero, aparte de la lluvia, ocurrió algo que no estaba en mis planes.


En el camino al museo, casi todas las inmediaciones estaban cercadas y llenas de gente: era el estreno londinense de la nueva película de Harry Potter y los fans se multiplicaban como Gremlins bajo el agua. Dónde sea que intentara ir, ellos estaban ahí, esperando a los protagonistas de la película.


Tuve que dar una vuelta completamente innecesaria para poder entrar al museo.


La National Portrait Gallery, es como su nombre lo indica, un museo cuyo contenido son exclusivamente retratos. Retratos de las familias reales, de políticos importantes, de famosos, mucho óleo, algo de fotografía y un recorrido cuidadosamente programado. Una delicia de museo.


Hacia las seis de la tarde el museo cerró sus puertas y me tuve que ir. En el diario había leído que el museo de cera Madame Tussaud’s había sacado al Michael Jackson de mentira a la calle para que los fans lo visiten, así que fui en esa dirección con la idea de sacar fotos y todo lo que ñoñería de turista implica.


Después de mucho caminar, llegué. Y así como llegué, tuve que dar media vuelta e irme: el museo estaba cerrado. f u c k .


Así que seguí dando vueltas, en lo posible por lugares donde no hubiera estado, y hacia las siete de la tarde, partí hacia Victoria Station. Ámsterdam me esperaba.


En el camino me compré una gigante galleta inglesa con chips de chocolate. Théo tenía razón, estaban muy buenas.


sábado, 3 de julio de 2010

4 de julio /// londres --- northampton


Abrir los ojos y ver que la cama de Simon estaba intacta era un claro indicio de que no había venido a dormir. Era la mañana de mi tercer día en Londres y no tenía idea de sí mis amigos estaban ahí, sí podría encontrar hospedaje, sí alguna vez el gentío desaparecería. No tenía idea de nada y eran apenas las diez de la mañana.

Así que me levanté y le pregunté al roomate brasileño sí acaso había algún tren que me lleve a Northampton. Me dijo que no sabía, pero que si había alguno, seguro me podían decir en la estación Liverpool, que no estaba muy lejos de ahí.

Northampton es un pueblo que está a dos o tres horas de Londres. Es un lugar famoso por ser la capital inglesa de los zapatos (y el oficio de zapatero) y sobre todo, por ser el pueblo en el que vive Alan Moore, guionista de comics como Watchmen, V for Vendetta y From Hell.

Alan Moore representa de alguna manera la voz de un gran afán de despertar colectivo y siempre intenta decir algo nuevo respecto de las cosas que ya se conocen muy bien.

Muchas cosas se dicen sobre el célebre escritor: que vive con dos esposas, que fue apresado a los 16 años por vender lsd a sus compañeros de escuela, que se dedica a la brujería, que cuando cumplió 40 ó 50 (no me acuerdo bien) años se volvió completamente loco, etc., etc., etc.

Así que cuando empecé a planear el viaje, busqué personas que vivieran en ese pueblo, que conocieran a Alan Moore y que me ayudaran a encontrarlo.

Mi sueño era regalarle un gigante ramo de flores, pero en vez de eso, conocí a Adam, un fanático de los comics y la música.

Adam me dijo que vivía a pocas cuadras de la casa del señor Moore, que a veces lo cruzaba en el almacén y me dijo que quizás podríamos verlo por la calle.

Así que después de algunos meses intercambiando mails, finalmente iba a conocer a Adam. Sólo que a las once de la mañana no lo sabía del todo.

Salí a la calle y fui directo a Liverpool Station. Aún no sabía si quedarme o irme de la ciudad, pero cada día era una aventura nueva y estar sola me habilitaba para hacer absolutamente lo que me viniera en gana.

Era sábado y el tercer día en casa de Simon. De algo estaba segura: no podía haber un cuarto día allí.

Paseé por la estación hasta que llegué a las boleterías. Allí me dijeron que no había tren a Northampton pero si bus y que salía de Victoria Station.
Así que me tomé el subte a Victoria y en el trayecto empecé a pensar en mis próximos movimientos.

De acuerdo al itinerario de bandas que tracé antes de partir, The Mars Volta tocaba en Amsterdam el miércoles 8 de julio. Mi intención era ir a ese concierto, así que debía planear mi visita a Northampton y el resto de los días en Londres con el fin de poder llegar a tiempo para ver a la banda de Cedric y Omar. También tenía que planear mi regreso a Hamburgo.

Una vez en Victoria Station averigüe los itinerarios y, dado que la perspectiva de pasar el sábado a la noche sola en Londres no me caía bien en absoluto, saqué un pasaje para ir a Northampton ese mismo día, a las seis de la tarde. Y compré otro pasaje para salir a Amsterdam el martes 7 de julio a la noche, desde Londres.

Lo que haría en el medio, no lo sabía. Quizás me quedaba uno o dos días en Northampton y después seguía en Londres un día más. Pero eso lo iba a decidir en base a como me sienta estando en ese pueblo del cual no tenía la más pálida idea de lo que tenía que esperar.

Así que con los pasajes comprados, me dispuse a disfrutar de, por el momento, mi última tarde en Londres. El día estaba soleado, así que fui a Westminster Abbey a ver el Big Ben.

Era sábado a la mañana y como era de esperar, los alrededores estaban llenos de gente. Los autobuses rojos anticipaban los estrenos de la nueva película de Harry Potter y de Brüno, la comedia de Sacha Baron-Cohen.

En la puerta de una de las iglesias cercanas, una joven pareja oriental se sacaba fotos con sus atuendos de novia y novio. Los dos vestidos de blanco, lucían muy felices.

Tengo la teoría de que la única forma de conocer un lugar, de descubrirlo y de llegar a él, es caminando; nada de tours ni cosas por el estilo.

Así que me compré una leche chocolatada y seguí en lo mío.

Con la intención de hacer una visita express a la National Portrait Gallery, me dirigí hacia la zona de Trafalgar Square. En el camino, me metí en varias cabinas telefónicas para agenciarme unos flyers tamaño postal con fotos a todo color promocionando diferentes variantes de prostitutas. Era muy gracioso que junto a la foto, una especie de slogan realzaba la particularidad de la mujer en venta. Si era un chinita raquítica con cara sexy, el cartelito rezaba “oriental model”, si era una gigante mujer negra, decía “Black mama”, si era una rubia rellenita y tetona, decía “busty blonde” y así. La verdad es que había para todos los gustos y pensé en regalarle algunas a Théo a modo de chiste y souvenir.

La gente en las inmediaciones tenía atuendos demasiado extravagantes y era un poco difícil de comprender, pero al llegar a Trafalgar Square entendí todo: era la celebración del día del orgullo gay y en la plaza habían instalado un escenario.

Estaba lleno de personas: militantes, disfrazados, curiosos, hados rosados, leñadoras, turistas, residentes y yo lamentando haberme quedado sin película en la cámara de fotos.

Estuve deambulando por ahí un rato hasta que las cuatro de la tarde llegaron y decidí ir a casa de Simon a buscar mi equipaje y a avisar que me iba.

Llegué, empaqué y salimos juntos hacia el underground. Ante mi relato de lo pintoresco de la marcha-celebración, Simon decidió ir a la marcha con uno de sus flatmates. Yo fui a Victoria Station.

Nos despedimos y recién volví a ver a Simon once meses después, en el cumpleaños de nuestro amigo Fede.

Las seis de la tarde y subir al bus. Al llegar a Northampton tendría que buscar un Internet café porque el número telefónico de Adam estaba en mi cuenta de mail y no lo había anotado.

Llegué a Northampton hacia las siete y media de la tarde. A diferencia de Londres, parecía un pueblo fantasma. Todavía alumbraba el sol pero la estación estaba desierta y al salir a la calle el panorama no era demasiado diferente.

Caminé y la mayoría de las tiendas estaban cerradas. Cuando finalmente logré encontrar algunas personas, les pregunté donde encontrar un Internet café. Me indicaron varias direcciones pero también me advirtieron que posiblemente estaría cerrado cualquier lugar al que quisiera ir.

Efectivamente, al llegar, los lugares estaban cerrados. Así que para no dormir esa noche en la calle, tuve que apelar a mi inteligencia y preguntarme que lugar podría estar abierto, tener Internet y teléfono y proveérmelos.

-Eureka! Un hotel!

Pregunté donde podía haber un hotel, y hacia allí me dirigí. Con la mochila encima, todo era más lento y tedioso, pero finalmente llegué y expliqué mi situación, me dijeron que seguro podía usar la computadora, pero que salía 4 libras los quince minutos.

-Four pounds! ( 25 pesos ) Fifteen minutes! Ok.

Me conecté, busqué el número y llamé a Adam.

Me dijo que me iba a buscar, pero después me dijo que mejor me iba a mandar un taxi.

Mientras esperaba el taxi, me puse a hojear el programa de actividades teatrales de Northampton. Me sorprendí de que estuvieran representando Evita (la caracterización de los actores como Eva Duarte y el Che era un poco demasiado bizarra) pero más me sorprendió aún la temática de un musical llamado “Joseph and the Amazing Technicolor Dreamcoat” de la factoría TimRice-AndrewLloydWebber. Según el resumen, el musical estaba basado en la historia José, ese tipo de la biblia que tenía sueños y después se los contaba al faraón. Lo gracioso era que absolutamente todo era muy demasiado GAY. O sea, biblia + homosexualidad, y sí alguien viera la cara de ese José, pensaría más en una loca desatada y feliz que en un torturado héroe bíblico.

El taxi llegó y de repente estaba en un Mercedes Benz. Es increíble como en situaciones así, donde todo parece perdido, la suerte cambia y las perspectivas también.

Al llegar a casa de Adam, me encontré con que estaban haciendo una fiesta o más bien una previa, ya que cuando la noche cayera, el plan era irse al centro del pueblo a parrandear.

Así que, de la soledad absoluta en la multitud de Londres, en cuestión de horas, pasé a estar rodeada de amigos instantáneos en un pueblo solitario.

Tenían mucha marihuana y alcohol. Había llegado al lugar indicado!

Adam vivía con 3 chicos y 2 chicas en esa casa de dos pisos que alguna vez fuera familiar. Y ahora tan juvenil.

Mary se había mudado hace poco y no estaba familiarizada con sus flatmates, Ashleigh estaba con sus amigas y por algún motivo tenían atuendos de colegiala sexy. Nathan era muy gracioso, cool y fumanchero y a los otros dos no llegué a conocerlos al punto que no recuerdo sus nombres.

Adam trabajaba en una tienda y al día siguiente tenía que levantarse temprano a pesar de que era domingo, su día libre era el lunes. Por ese motivo, cuando le pregunté por los planes para esa noche, me dijo que él no iba a ir al centro. Mary tampoco iba porque no tenía ganas y Nathan estaba dudando.

Finalmente se hizo tarde y los parranderos se fueron y la casa quedó sola. Los que nos quedamos (Nathan finalmente se quedó) fuimos a buscar algo de comida rápida y la noche transcurrió jugando al karaoke en la Xbox que tenían en el living.

Adoro cuando las cosas se dan vuelta tan repentinamente. Me sentía bien, todos eran amables conmigo, y bueno, eso me hacía sentir feliz.

Así que el día terminó en el sillón de Adam.

viernes, 2 de julio de 2010

3 de julio /// Londres

Al despertar Simon no estaba en su cama, así que me levanté y fui a la cocina. Lo encontré allí desayunando y leyendo las noticias en su computadora.

Tomé un té y le pregunté por las posibles actividades para el día.


Mientras yo estaba ahí, dos amigos míos también estaban en Londres: Chanz y Linje. Antes de partir, en Buenos Aires, habíamos quedado en encontrarnos en Londres para esa fecha.


Ya habíamos intercambiado mails mientras yo estaba en Hamburgo y estaba bastante segura de que ellos estaban en Londres. Necesitaba contactar con ellos porque no podía seguir quedándome en casa de Simon. A pesar de que estaba todo bien con eso, no me sentía cómoda quedándome demasiado tiempo, ya que él era el amigo de un amigo mío y estaba haciéndome un favor. No quería importunarlo ni abusarme de su hospitalidad.


El apartamento estaba vacío: todos se habían levantado temprano para ir a Wimbledon a ver el torneo de tenis.


Le pedí la computadora prestada a Simon y abrí la cuenta de mail. Allí había un mail de Chanz diciéndome que iban a estar dando vueltas en la zona de Picadilly Circus hacia las 12:30 del mediodía

-Maldición! Ya son las doce.- dije en voz alta.


También me dejaban el número telefónico de un amigo sueco de Linje que tenía teléfono celular. Y me decían que sí no llegaba a las doce y media, de todas formas a las seis de la tarde iban a volver a estar por ahí.

Y otro mail:

wearing our best close and being happy sounds AWSOME.
really!

to me everyday feels still absolutly good since i met you.
so tell me: why you have started kissing me?
to me its seemed most time that you were some kind
of afraid because you where alone in a unknown country...
however, you do the right thing to me....

ok and when you are back we take some new photos
of us, perheps in our best clothes too...

so tell me, what do you see on you first day in uk?

in the meanwhile i have to sit in a realy dark studio while we
have sommer the first time this year! fuck it.

take care and eat some good cookies!
t.


Debido a que el inglés escrito de Théo era un poco confuso, no entendí demasiado el mail, pero le escribí que si pensaba que lo había besado porque me sentía sola en un país desconocido, bueno, no era tan estúpida como para hacer algo así.
Escribí que lo besé porque me había gustado desde la primera vez que lo vi en esa fiesta, en el castillo inflable, con ese sueter blanco y negro. Le conté que había visto a Blur el día anterior y que cada vez que escuchaba que alguien decía “awesome” pensaba en él ya que solíamos reirnos de la gente que dice “osom” con una sobreactuada excitación. Y a continuar el día.


Me vestí rápido con la intención de salir a llamar a Chanz y Linje para que me esperen en Picadilly Circus así podía encontrarme con ellos. Salí, busqué un teléfono y disqué, pero no hubo caso, a pesar de que llamé varias veces, nadie contestó.


Así que, siendo la una y media del mediodía, decidí simplemente caminar para ver adonde llegaba.


El clima ese día era ventoso pero soleado. Fue muy incómodo sacarme y ponerme el suéter todo el tiempo. En la sombra hacía frío, al sol hacía calor.


Caminé por una zona gris como el microcentro, pero hacia el final de las calles de altos edificios me encontré con el río Támesis . A lo lejos, el puente de Londres se erigía, imponente.


Caminé mucho hasta llegar y cruzarlo. Había muchas nubes y el sol resplandecía. Londres era hermoso pero estaba tan lleno de gente caminando todo el tiempo hacia diferentes direcciones que pasear por ahí se convertía en una situación ligeramente tediosa.


Cuando emprendí este viaje, sólo tenía dos objetivos en mente: ver bandas y museos. No quería mucho más. Había visto a Blur el día anterior y ahora iba a saldar la otra deuda. El Tate Modern estaba muy cerca y lo sabía.


Entré y entonces TODO.


La primer obra que me impactó fue The Bride Stripped Bare by Her Bachelors, Even de Marcel Duchamp. Justo enfrente había una pintura de Francis Bacon. Nunca había visto un Bacon en persona en mi vida y eso me movió enormemente a nivel emocional. También había cuadros de Monet y de Picasso, varios Andy Warhol y era tan embriagador estar ahí. Era la belleza de la situación y la música en mis auriculares y el disco de John Frusciante para devolverme cuando sea.


En el mapa del museo escribí

the music from
the balconies nearby
was overlaid
by the noise
of sporadic
acts of violence


Y es hoy cuando lo miro y realmente no sé que significa y podría googlearlo, pero creo que prefiero quedarme con el enigma.


Una habitación llena de afiches comunistas rusos. Verdaderas obras de arte en forma de propaganda, todas juntas, enmarcadas, tan solemnes en la sala, tan hermosas.


Las horas pasaron y pronto llegaron las cinco de la tarde. Sin demasiadas ganas, salí del museo con la intención de ir a Picadilly Circus para encontrarme con mis amigos.


Siguiendo el curso del río, seguí caminando y llegué al London Eye que es una suerte de rueda de la fortuna gigante desde cuya parte más alta se ve todo Londres. Para subir había que pagar y hacer una fila inmensa. No estaba dispuesta a hacer ni lo uno ni lo otro. De todas formas en uno de los puestos cercanos compré un llavero para mi papá. Entre el big ben, un colectivo rojo y diversos motivos londinenses, elegí la típica cabina telefónica.


El subte otra vez y Picadilly Circus de repente. Eran las seis de la tarde y ellos debían llegar.


Esperé en la puerta de la gigante tienda Top Shop y ellos nunca aparecieron. Así que como estaba cansada, me fui a ver los mails a un Internet café y a pensar que iba a hacer en las próximas horas.


Sin noticias de Chanz y Linje, pero con una respuesta en la casilla de correo:


of course i dont think that you do such things because of lonelyness.
for me it was a bit the same, i saw you on the party and ask my self:
who the fuck is she?
later i see you standing with my brother and i came up to you
hopeing that daniel will introduce you to me....
and finaly it works. great! awesome.

i'm getting more and more exited when i thing about you coming back.

what a situation. i only can laugh!
and you have to know that the last few years where not sooo funny to me.

so dont get lost in london! i would not like it!

hug
théo


maravilloso.


Cuando estaba en Buenos Aires, había estado intercambiando mails con Adam, un chico que vive en Northampton, un pueblo a tres horas de Londres que deseaba visitar.

En la casilla de correo también tenía un mail de Adam, diciéndome que podía llegar cuando quisiera, que me esperaban. Era algo bueno, saber que había un lugar adonde huir.


Y la gente estaba en todos lados, todo el tiempo, en todos los lugares.


En las paredes que rodeaban la puerta de la gran disquería dónde antes del de/su-ceso se vendían las entradas para los conciertos de Michael Jackson, un altar-empapelado compuesto por recortes de diario, fotos, posters, carteles con mensajes llenos de amor y mucha cinta scotch invadía casi todo el campo visual.

Estaba ahí mirando eso cuando de repente, de la nada, seis o siete chicas con atuendos llamativos aparecieron con un grabador y canciones de Michael. Instantáneamente la música empezó a atronar los pequeños parlantes y las chicas, cómo poseídas, empezaron a bailar. En pocos minutos, la vereda se atestó con una pequeña multitud de sacafotos y curiosos y la fiesta continuó incluso cuando decidí irme del lugar.


Finalmente anocheció y luego de vagar sin rumbo por Picadilly y Oxford Circus, por el Soho, por Mayfair y por Trafalgar Square, decidí volver a casa de Simon.


Al llegar me dijeron que había salido y que probablemente no volvería a dormir. En su habitación, el roomate brasileño me contó sobre su experiencia en Londres, los trabajos que tuvo, los lugares en los que vivió y como fue ir a Wimbledon ese día. Me contó que había una pantalla gigante y que los parques eran tan arbolados y verdes, la gente elegante y todos de pic nic disfrutando del sol.


Era agradable charlar de una cama a la otra. Se sentía familiar.


Los dos estábamos cansados así que después de un rato, se apagó la luz y dormir.







jueves, 1 de julio de 2010

2 de julio /// Londres

Me había tocado dormir en la cama de arriba y cuando abrí los ojos me di cuenta de lo pequeña que era la habitación del hostel para el precio que había pagado por ella.



Mientras intentaba incorporarme al mundo, Becky guardaba su ropa en el bolso: su amiga que vive en Londres la había ido a buscar. Me dijo que bajaba a desayunar y que luego se iba. Le pedí que por favor me deje la llave de la habitación antes de irse, ya que una vez afuera no tenía forma de volver a entrar. La llave era una tarjeta.



Me vestí, bajé a desayunar y a chequear los mails.



Para acceder a Internet, había que comprar una tarjeta en la recepción. El hostel era todo angosto y estaba lleno de gente que parecía conocerse entre sí. Me sentí una verdadera extraña.



Abrí la cuenta de correo y encontré dos mails:



Estaba en Londres y no tenía alojamiento. Los hostels eran demasiado caros. Había estado escribiendo a varias personas del couchsurfing pero nadie me dio una respuesta que favoreciera mi situación.



La única esperanza residía en la posibilidad de quedarme con un amigo de mi amigo Fede, que estaba viviendo en Londres en ese momento.



Afortunadamente uno de esos mails era de Fede pasándome la dirección de mail de su amigo Simon. Rápidamente le escribí unas líneas contándole sobre mi situación. Me respondió a los pocos minutos dándome su número de teléfono. Lucky Me.



Siguiente mail:



hey johan-,

i hope that you had a good travel to london....

i really enjoyed the last days with you, so im looking

forward to see you again. i will try to get some holidays

at my job that i can spend more time with you.

perhaps you will see a museum than.

so please please tell when you come back and

where i can pick you up to carry your backpack!

enjoy everthing and take care!

see you soon,

théo



Rápidamente respondí que tendríamos que ponernos nuestras mejores ropas y salir a pasear, al museo o a dónde sea. Me fui al salón comedor.



La televisión estaba a todo volumen y la gente hablaba como si tuviera la boca llena de comida aunque no fuera así. Todo el inglés que había aprendido a lo largo de años de instituto no me había preparado para lo cerrado del acento.



En la cocina, muchos jóvenes lavaban y agarraban tazas, se servían café, untaban manteca en pan tostado, charlaban, reían, miraban.



Mientras desayunaba, noté que Becky no venía a darme la llave y mis cosas estaban en la habitación. Terminé, di unas vueltas buscándola y llegué a la conclusión de que se había ido y ya.



Pedí las llaves en recepción y subí a buscar la mochila. Guardé lo poco que había desempacado, me cargué y me fui.



Al salir a la calle, el sol pegaba fuerte. Busqué un lugar dónde hablar por teléfono. Con mi mochila que tenía casi las mismas dimensiones que yo, logré entrar a un locutorio o algo así.



¡Estaba en Londres! Pero no tenía idea de dónde estaba yo.



Llamé a Simón sin conseguir dar con él. Me conecté de nuevo, intercambiamos algunos mails y finalmente me pasó la dirección de su casa.



Busqué la estación de subte, o underground, más cercana y una vez allí, emprendí varios intentos para averiguar como funcionaba el sistema de transporte público.



Lo primero que hice fue buscar la casilla de información. Como la mochila pesaba mucho y estorbaba aún más, desistí de hacer la fila. Fui hacia los molinetes, pero no terminé de entender cómo es el asunto, así que intenté regresar a la ventanilla de información, pero de repente, de la nada, aparecieron como 20 chinos con cámaras de foto y se pusieron todos adelante mío en la fila.



Regresé a los molinetes con la intención de hablar con algún guarda de seguridad, pero una mujer, ante mi desconcierto y cara de perrito mojado, me interceptó y me dio un boleto. No entendí demasiado lo que pasaba, pero pasé el boleto por la ranura del molinete y listo, ya estaba adentro.



Era un one day ticket. Simón me diría más tarde que ese boleto sirve para hacer todos los viajes que quiera a lo largo de la jornada.



Y entonces, el subterráneo londinense. Mis auriculares largaban algo de Badly Drawn Boy, Something to Talk About. Escuché la canción en repeat constante y me dije a mi misma que en el futuro, cuando escuche esa canción, automáticamente iba a pensar en Londres y a regresar a esa situación.



Me bajé en la estación Aldgate East. Una vez en la calle, caminé unos metros y me metí en un local de comidas para preguntar por la calle que estaba buscando. El hombre que atendía me indicó cómo llegar (realmente era muy fácil) y al terminar me dijo:



One pound



Lo miré con cara de desconcierto y él y su compañero empezaron a reirse.



Llegué a casa de Simón. Al bajar a abrir, me encontré con un muchacho alto y muy quemado por el sol. Me sentí feliz de hablar en castellano, en porteño finalmente, con alguien.



Hablamos sobre Londres, Douglas Coupland, el viaje, nuestro amigo Fede, sobre como se quemó con el sol cuando se quedó dormido en el parque y mientras tanto me cocinó unos fideos.



Más tarde llegó su compañera de piso, una chica alta de ojos claros, pelo largo, portuguesa, actriz y vestida de verano. Acababa de recibir por correo Maus, el comic de Art Spiegelman, y mientras lo hojeaba nos contó que como estaba haciendo una obra sobre el holocausto, trataba de leer material sobre el tema.



Se fue de la cocina y nosotros salimos a dar una vuelta y a sacar fotos.



La disquería cool del barrio se llama Rough Trade, allí, miramos discos, y, prestándole atención a todo, intento retener en mi mente todo lo que veo.



Los altares para Michael Jackson seguían multiplicándose por ahí, y yo, lamentando lo sucedido.



Nos metemos en una de las diversas tiendas de ropa usada y para mi sorpresa, no es barato en absoluto.



El vecindario donde vive Simon, se llama Aldgate East. Está lleno de inmigrantes indios, pero también hay tiendas de discos, galerías de arte y en las paredes sin ir más lejos, el arte emana en forma de murales con todo tipo de imágenes y técnicas que van desde el stencil, pasando por el collage y terminando en el rasqueteado de paredes a fin de formar una imagen.



Después de caminar un rato, Simon decide volver a su casa y yo me voy al mercado de Camden. Quedamos para vernos más tarde e ir al recital de Blur.



El Camden market está dividido en tres partes: en la primera, venden ropa, y está lleno de puestos con percheros. La ropa se repite y el precio varía depende el puesto.



En una de las perchas veo un vestido que me gusta: pregunto el precio y el tipo me dice algo muy elevado para el presupuesto que manejo. Aunque hago un ademán que indica que no estoy interesada, el hombre empieza a sacar el vestido y a meterlo en una bolsa. Le digo que no lo quiero y de una forma algo agresiva, me dice en un inglés que apenas logro entender


-¿y entonces para qué me preguntas?


Me voy.



La segunda parte del mercado es un predio lleno de casitas de madera que hacen las veces de negocios. Ahí venden de todo, hay muchos asiáticos y nadie avisó que la moda raver terminó hace algunos años (por lo menos para mí).



En algunos puestos los empleados son esos punks que siempre se ven en las fotos que aluden a Londres, exagerados, raros, comunes.



Las remeras y accesorios de un tal Ed Hardy están de moda y las imitaciones se repiten por doquier.

El tiempo pasa merodeando por ahí y la hora de partir para encontrarme con Simon llega. Pero antes de irme entré a un Kentucky fried Chicken y por 2 libras comí pollo con papas fritas. Bueno, pollo no, técnicamente es Pop Corn Chicken. No terminé de animarme al fish and chips.



Usando mi one day ticket una vez más, tomé el subte y me encontré con Simon en una esquina cercana a Hyde Park. Caminamos por la zona pasando por el palacio de Buckingham; en el trayecto ambos acordamos que no pagar más de 20 pounds por entrar al concierto.



Al llegar al primer acceso, nos ofrecen entradas por 40 libras. Las rechazamos amablemente.



Seguimos caminando. Los revendedores de entradas se multiplican, el tiempo corre, y los precios no bajan.



Finalmente, minutos antes de que empiece el show, conseguimos dos entradas a 20 pounds cada una.



Al entrar al campo comienza a sonar She’s so High y no puedo evitar correr hacia delante. Antes de desaparecer de su vista, arreglo un punto de encuentro con Simon.



Y entonces pienso en eso que dicen de que el público argentino es el mejor y bla bla y pienso que son puras patrañas. Los ingleses se la pasan tomando cerveza y el campo es un reguero de botellas de plástico verde aplastadas por el peso de la multitud. Están todos alegres y arengados...


Las botellas en todas partes y todo el mundo ebrio, entusiasta y gritón.



Al llegar el momento de Tender, la gente se pone particularmente afectuosa con la banda y no para de corear OH MY BABY OH MY BABY durante varios minutos. Ellos lucen visiblemente emocionados.



Intenté pedir porro, me mojaron el pelo con cerveza, había novios protectores, chicas barricada, había muchas cámaras modernas, había muchos borrachos y yo, yo estaba ahí.



Graham Coxon está gordo, Damon Albarn luce cansado, el baterista ahí y Alex James como si el tiempo nunca hubiera pasado.



El show parecía auspiciado por Fred Perry y su nueva colección de camisetas primavera/verano 2009.



Aunque la escenografía son dos mapas políticos de la isla, hacia el final una gigante bola de espejos se erige sobre las cabezas de la banda.



El show termina, me encuentro con Simon, y algunos amigos suyos. Vamos de bares por ahí. La gente toma cerveza en vasos de vidrio mientras conversa animadamente en la vereda.



Los edificios transpiran historia y los bartenders empiezan a echar a la gente. No es demasiado tarde, pero el día fue muy largo.



Y entonces regresamos a la casa de Simon, me baño, me tiro en el sofá y me duermo instantáneamente.







martes, 1 de junio de 2010

1 de julio /// hamburgo --- Londres

-respect to the man in the ice cream van

Estábamos desayunando en la cocina, a sabiendas de que probablemente sería nuestra última mañana juntos, cuando a lo lejos se oyó una extraña e infantil musiquita, en movimiento. Era el camión de helados dando vueltas por ahí y entonces Théo me contó que hay un rap que dice que hay que respetar al hombre en el camión de los helados. También dijo que hay una vieja leyenda urbana que dice que el hombre del camión de los helados, además de hacer la alegría de los niños, haría la de los grandes, ya que aparentemente sería un distribuidor de droga más en el mundo.

Terminamos de desayunar y volvimos a la cama: ese día Théo iría a trabajar un rato, un poco más tarde.

Estábamos en el medio de una de esas situaciones llenas de miradas, manos y labios cuando de repente dijo

-i really think we should sleep together

-aren't we doing it already?

-that is not exactly what i meant

y sucedió.

Las manos se me durmieron.


Algunas horas después Théo se fue a arreglar unos asuntos al estudio y me dejó armando el equipaje.
Cuando volvió faltaba un rato para que salgamos hacia la estación de ómnibus donde tomaría un bus hacia el aeropuerto de Lübeck, que queda en las afueras de Hamburgo, en donde abordaría el avión que me llevaría a Londres esa noche, al aeropuerto de Stansted exactamente.

El tiempo pasaba y no me importaba.

-somebody is thinking about missing the plane...

Y realmente pensé seriamente en la posibilidad de dejar ir ese avión y quedarme ahí, tan hermoso era todo, pero entonces Théo me explicó que si me quedaba, no tenía mucho sentido, ya que el fin de semana él y Daniel tenían que ir a Berlin a pasar música en un lugar, y entonces habría perdido el avión sólo por quedarme dos días más.

Pero la tristeza de ambos era demasiado.

-do you think i should come back?
-please, come back.


Sonreímos y supimos que íbamos a volver a vernos. Era sólo cuestión de combinar todo de forma conveniente.

Terminé de empacar y fuimos a la estación central. El sol del atardecer teñía la ciudad de un extraño color ocre. La vida parecía una foto vieja y a la vuelta de la estación comimos falafel y escuchamos a una mujer hablar en español. Nos reímos de eso.

El bus llegó y con él la despedida y el último beso.

Durante todo el viaje hacia el aeropuerto me lo pasé escuchando wouldn’t it be nice y pensando que Londres estaba a la vuelta de la esquina y que volvería a ver a Théo. Y realmente todo fue muy feliz.

Cuando anochecía subí al avión. Era de una aerolínea bastante barata y la prueba estaba en que cobraban todo lo que podían cobrar. Me senté en el minúsculo asiento y algunos minutos después, el avión despegó.

El vuelo fue corto y ahí conocí a Becky, una chica que estaba roja porque se quemó demasiado al sol, con un sombrero gigante y estorboso, una blusa strapless y shorts. Al hablar de alojamiento y lo tarde que llegaríamos, Becky me dijo que tenia reserva en un hostel para dos, pero como su amiga estaba sospechada de tener fiebre porcina se quedó varada en Singapur, así que una de esas reservas estaba libre y me la ofrecía. Yo aún no tenía idea de donde iba a quedarme los días que esté en Londres, así que acepté.

Desde que pasó lo de Michael Jackson todos los días aparecía algo nuevo en los diarios.

Al llegar a Londres, estuvimos cerca de dos horas esperando a que nos firmen el pasaporte. La fila era realmente larga y había pocos oficiales y a todos les daban mil vueltas para dejarlos entrar.

El amigo/compañero de asiento de Becky, que hizo la fila conmigo, era americano, pero lucía tremendamente canadiense: un poco gordo, con aparatos en los dientes, rosado y muy simpático (algo afeminado también). No recuerdo su nombre, pero seguro era Brian o algo así.

En Alemania hay unas golosinas muy populares que son unas gomitas con forma se oso llamadas Haribo. Brian me convidó algunas mientras los oficiales londinenses preguntaban hasta el grupo sanguíneo de las familias cuya piel era un poco más oscura que lo habitual. Así de estrictos eran los controles de frontera.

Cuando logramos salir del aeropuerto tomamos un bus de 9libras al centro. Victoria Station para ser más exactos.

Mis primeras impresiones de Londres aún cuando era muy tarde y verano, es que es un lugar muy frío y húmedo.

Una vez en Victoria Station nos tomamos un bus de esos que tienen dos pisos a no sé dónde y de ahí, un taxi (realmente caro) al hostel que quedaba, como me daría cuenta al día siguiente, en la zona de Kensington algo.

Cuando los trámites de registro y todo eso terminaron, después de un largo día, hacia las dos de la mañana, me dormí vestida en la parte de arriba de una cama marinera junto a cinco chicas más en una habitación minúscula en un hostel en algún lugar de Londres.

Aún tenía que encontrarme con Linnea y Chance, dos amigos que también estaban vacacionando en la capital inglesa al mismo tiempo que yo.

También tenía que encontrar un lugar donde quedarme los días que esté en Londres.

Blur tocaba al día siguiente en Hyde Park y también tenía que agenciarme una entrada.

Oh, Londres.