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miércoles, 30 de marzo de 2011

12 de julio /// berlin

Todas juntas durmiendo en el piso de una habitación perteneciente a un sujeto alemán llamado Paul.

Lucy, Dreu y yo.

Ellas, sobre un colchón inflable gigante que pude haber usado la noche anterior pero que no vi debido a la oscuridad.

Yo, acostada a un costado en otro, un pequeño colchón de diez centimetros de altura con suerte y la perspectiva de un nuevo día.

El sol entrando por la ventana y Paul, ausente.

Como si nos hubiéramos puesto de acuerdo, abrimos los ojos casi en simultáneo. Juntas, temerosas de lo que pudiéramos encontrar en la soledad de la casa, fuimos a la cocina.

Michael miraba algo en la computadora y Paul, en calzones, freía huevos.

Creo que me sentí impresionada de la facilidad exhibitoria de Paul. De la intimidad impuesta a fuerza de anfitrioneidad y sientanse como en casa. Creo que no quería saber que debajo de toda esa ropa negra repetida sin parar, Paul escondía algo azul.

Sentados a la mesa, desayunando algo de té, Paul nos explicó que ese día no iba a poder estar con nosotras porque tenía que estudiar y Michael directamente no separó los ojos de la pantalla. Las chicas hicieron chistes para romper el hielo: chistes con madres y hermanas. Lucy era un camionero inglés con un acento dificil y empastado. Nos contó que tomaba cerveza desde los trece años. Dreu no dejaba de chequear su ai.phone y de decir "he didn't text me".

Así que, a diferencia del día anterior, que fue dudosamente puro en lo que respecta a lo masculino de la compañía, me las iba a tener que ver con éstas dos chicas que viajaban juntas, con las que apenas había cruzado palabras el día anterior y que prometieron despertarme para salir pero que no lo hicieron. Recelo.

De todas formas, las tres estuvimos de acuerdo en que lo mejor era dejar la casa lo antes posible para que Paul y Michael pudieran estar tranquilos.

Así que salimos y caminamos. Fuimos a un parque, recorrimos algunos mercados de pulgas, hicimos compras inútiles y ellas propusieron tomarse la primera cerveza del día. Les pregunté y me dijeron que al final no habían hecho nada la noche anterior, que por eso no me avisaron. Algo como alivio.

Eran las dos de la tarde y estábamos en un bar que daba a un lago. Hablamos mucho.

Ellas me contaron que estaban viajando juntas, que eran amigas. Me contaron sobre sus asuntos, o sea, sobre los asuntos que realmente importan durante un viaje, que son aquellos concernientes a cierto organo sanguíneo ubicado en alguna parte de lo que en la escuela primaria dicen que es el tronco.

Yo tenía de esos asuntos y ellas también. A saber: el eterno histeriqueo vía mensajes de texto y palabras en persona entre Dreu y un pibe y la pareja, the partner de Lucy, cuya situación no terminaba de entender del todo.

Y sólo después de algunas horas dándole vueltas a lo mismo, me di cuenta de que el asunto de Lucy era con una chica. Me sentí un poco ingenua, Lucy tan adulta, hablando sobre como sencillamente los hombres no le interesaban y que las mujeres eran su taza de té.

Y entonces, cuando terminamos la cerveza, seguimos dando vueltas por el barrio.

Caminamos sin rumbo perdiendo el tiempo y ellas simplemente dijeron vayamos a tomar más cerveza.

En el año 2009, yo tenía 25 años. Y cuando pienso en las cosas que hice a mis 26, sólo puedo pensar en que a esa edad empecé a tomar cerveza. O sea que durante el tiempo que pase con Lucy y Dreu, me lo pasé a pura coca y sólo hoy, que puedo diferenciar lo amarillo con gas de la cerveza de calidad, porque definitivamente es posible, me arrepiento en cierto punto de no haber aprovechado mi estadía en Alemania en ese aspecto.

Durante un viaje, hay días en los que ocurren millones de cosas: personajes extraños, situaciones raras, cosas recordables.

Y hay otros días, en los que no pasa nada particular, salvo una sucesión de hechos cotidianos de los que sólo queda una cierta esencia: Sé que ese domingo hablé mucho, que ese día me di cuenta de que extrañaba a mis amigas porque las opiniones entre mujeres con afinidad son muy importantes para poner en perspectiva las cosas que ocurren.

Pero curiosamente, a pesar de que hablamos desde el parque hasta el bar, desde tal barrio hasta el otro bar, por ciertas calles hasta la casa, que discutimos música, personalidades y hechos bien cercanos, cuando pienso en ese día, cuando lo recuerdo, sólo tengo la sensación del sol en la cara y las bolsas en la mano, el corazón en un cuadro tejido y planes amorosos.

Y la sensación de que en el fondo, todas las chicas se parecen.

Y volvimos a la casa, donde Paul estudiaba en la cocina y Michael hablaba con una chica que luego descubrimos era su exnovia que había pasado a buscar cosas.

Michael y una novia. Realmente ya no sabía que pensar.

y en la bandeja de entrada, eso que había estado en mi mente la mayor parte del día. Théo.


hi johan,

how are you?
so if you still like me you can visit me from monday on!
just call or write me!

take care
théo.


Así que con ese mensaje, que cambió la visión de la situación emocional extraña de los últimos días, salí de nuevo con Dreu y Lucy, a acompañarlas a tomar la próxima cerveza y a contarles todo lo que me había estado pasando en el órgano ese sanguíneo que mencioné anteriormente.


lunes, 11 de octubre de 2010

11 de julio /// berlin

Cuando me desperté Paul no estaba en la habitación. Los sonidos llegaban desde la cocina y las voces hablando y riendo en alemán no parecían muy lejanas. Había sido una noche incómoda: la oscuridad hizo que me durmiera en una posición extraña y eso, combinado con el resfrío que comenzaba a prenderse pero que no terminaba de explotar, y que ni siquiera un baño gigante pudo disipar, hacía que no me sintiera en condiciones aptas para la alegría tan temprano. La verdad era que ese sábado a la mañana la idea de interactuar con extraños que no hablaban mi idioma no era la que más me gustaba, pero Paul y Michael habían sido tan amables conmigo que poner mala cara simplemente me parecía que no estaba bien.


Así que me puse algo lindo, cepilléme los dientes y entré a la cocina haciendo como si nada.


Allí había dos chicas y un chico sentados a la mesa. Paul hacía café y Michael revolvía huevos a la vez que freía bacon.


Un poco de leche tibia con chocolate y pan untado con manteca después, me desayuné con que toda esa gente reunida allí estaba esperando a una agente de casting que no tardaría en llegar junto con un fotógrafo. El fin de semana siguiente estaba pautado el rodaje de algo en lo que iba a participar toda aquella compañía allí reunida esa mañana y ese desayuno tenía mucho de reunión de negocios.


Y entonces la agente llegó: se sacaron las fotos, conversaron, rieron, llenaron formularios, me ofrecieron actuar, dije no, nos reímos, huevos revueltos, café, pan tostado, amigos por la mañana, las doce y media y adiós cada uno a seguir con su sábado.


Me pareció muy raro y simpático que un grupo de amigos se junte a desayunar. Y no me imaginé celebrando tal ritual con los míos.


Mientras las visitas se iban, llamó Lucy avisando que se habían perdido, pero que estaban en camino, caminando.


-and where are they –preguntó Michael
- i don’t know, but seemed far – dijo Paul


Lucy era la de “Lucy and Dreu the english girls who are arriving today” como había mencionado Paul la noche anterior mientras fumábamos y me invitaban a la fiesta en un bote.


El Berlin, Beats and Boats, nombre que llevaba el evento, estaba anunciado a las dos. Teníamos que estar en el lago antes de esa hora, ya que la embarcación tenía que zarpar la embarcación y yo no tenía entradas.


Era casi la una y Paul estaba empezando a colapsar. No quería llegar tarde al bote bajo ningún punto de vista y las chicas no llegaban.


En medio de la incertidumbre, Paul y yo decidimos ir al bote, dejando momentáneamente a Michael esperando a Lucy y a Dreu y justo cuando estábamos por salir sonó el timbre: eran ellas.


Y entonces por las escaleras aparecieron dos chicas rubias llenas de equipaje. Una robusta, la otra relajada.


Paul estaba muy apurado así que las saludó, les dejó sus llaves, les dijo que se sintieran como en casa, Michael y yo apenas llegamos a decir hola y nos fuimos.


Caminamos con la bici y llegamos. Eran casi las dos de la tarde y el lugar estaba lleno de gente con ropa apenas extravagante, mostrando mucha piel, mucho bronceado, mucho peinado sofisticado, mucho fluo, mucho, mucho. Paul y Michael estaban un poco tensos, la llegada tardía de las chicas generó una energia extraña entre ellos que intentaban mostrarse amables pero que no podían ocultar un ligero tedio.


Sin demasiado esfuerzo conseguimos una entrada para mí (y como sabría después, a un precio obscenamente caro) y subimos al bote.


Todo el mundo parecía colocado. Estaban todos demasiado eufóricos y eran las tres de la tarde. El recorrido del bote comprendía una vuelta de varias horas alrededor de un lago berlinés.


La música era electrónica. Y para mi gusto, demasiado aburrida y basureica. Si realmente quería pasarla bien, tenía que hacerlo: smoke Joint


Así que le dije a Michael que se arme uno y procedimos. Paul se fue a bailar y tengo que admitir que lucía casi tan eufórico como el resto de los asistentes. Michael y yo estábamos un poco hastiados.


Fumamos y el paisaje dejó de ser tan malo. El clima era agradable y el lago también. Si no pensaba positivamente, el drum n’ bass me iba a hacer saltar del bote a sabiendas de que no sé nadar.


Así que me concentré en el paisaje y en lo extraño que era todo en ese contexto, quiero decir, estoy acostumbrada a ver gente tomando cocaína enfrente de mi cara, peinados extravagantes, gays desquiciados y mujeres haciendo de gato, pero a la noche y en un lugar cerrado. Y eso era exactamente lo mismo, pero de día y al aire libre, y no dejaba de no estar bien del todo.


La música electrónica no bajaba y todo el mundo estaba extasiado. Entré a la cabina a buscar algo para tomar.


El agua mineral venía en una botella diminuta de vidrio celeste. Traía menos de medio litro y salía tres! Euros.


-Genial- pensé- Voy a morirme deshidratada en el barco de los chicos ricos y los gays.


Tomé un par de botellas a lo largo de la tarde, Michael compró otras y esperamos pacientemente a que lleguen las siete, hora en que terminaba el paseo.


Fumamos mucho, dormimos una siesta en la cabina, hicimos de cuenta que nos divertíamos, nos aburrimos, nos divertimos, esperamos, Paul dio vueltas, yo miré mucho a los gays y la gente en general, y terminó todo.


Caminamos a casa y al llegar, merendamos, hablamos y hablamos con Lucy y Dreu. Ellas iban a salir, Paul y Michael se iban a dormir y yo no sabía que hacer.


Les dije que iba a dormir una siesta y que me despierten si salían, pero nunca lo hicieron y la siesta duró hasta el día siguiente.


Un sábado invertido de alguna manera. Actividades predeterminadas en horarios inusuales.

lunes, 19 de julio de 2010

9 de julio /// amsterdam

Julian se tenía que ir a trabajar, así que al levantarme tuve que hacer todo rápido. Empacar, bañarme, salir.


El mail de la noche anterior me había dejado profundamente desmoralizada y el panorama actual no ayudaba demasiado. En un squat en un barrio de Amsterdam, tenía el pasaje para llegar a Hamburgo al día siguiente y de repente, todos los planes de días soleados y paseos de la mano con Théo se habían derrumbado. Si iba a Hamburgo no iba a poder quedarme en casa de él debido a ese problema, que no terminaba de entender del todo, que estaba teniendo.


Realmente no sabía que hacer. Estaba sola y no podía hablar de todo esto con nadie. Julian era muy amable, pero el problema era yo. Había dormido mal por el frío y mi humor era bastante horrible. Pero era yo en el mundo y tenía que callarme y seguir adelante. Paris estaba a tan sólo tres horas de Amsterdam, pero ir a Francia significaba alejarme aún más de Alemania.


El baño estaba arriba así que subí a ducharme. Al llegar, esa situación en apariencia insignificante, se convirtió en algo horrible: no había agua caliente y la “bañadera” era en una palangana gigante arriba de una tarima de madera con una ducha improvisada que colgaba de la pared. Para subir a la cosa, había que trepar por una especie de escalerita. Nada peor para una mujer que un baño espantoso y frío en el ambiente.


Así que en cinco minutos (total) me bañé como pude, me vestí y salí.


Agarré mi mochila y salimos. Julian se subió a la bicicleta y me indicó como llegar a la civilización (un lugar por donde pasaba el trans). Le agradecí una vez más (la noche anterior le había obsequiado la caja de lápices de colores comprados en Northampton) y seguimos nuestros caminos. Nunca más supe nada de él.


Y en el camino pensé que era un chico realmente peculiar. En el poco tiempo que estuvimos juntos me contó que iba a la escuela de arte, que tenía ese trabajo del cuál nunca supe nada y que vivía ahí, en el squat, porque le gustaba, porque era lo que quería para su vida en ese momento. Y me dijo que él podría tener una vida holgada pero que no le interesaba en absoluto ya que, sumido en la comodidad, según sus propias palabras, jamás podría crecer como artista.


Mientras hablábamos me mostró sus dibujos que eran realmente buenos. Así que en el camino pensé que quizás esa filosofía de vida le servía para llegar al lugar en el que quería estar.


Julian no fumaba marihuana y me contó que la gente que vive ahí, la que forma familias, la que hace cosas inherentes a la vida en una ciudad, no se mete con eso de los turistas, el porro y la zona roja.


Llegué a la avenida, pero antes de seguir necesitaba desayunar. El malestar causado por el exceso de porro todavía me duraba y si no comía algo sustancioso, sospechaba que se iba a poner peor.


Así que con la mochila gigante, entré a un agradable y cálido bar del barrio. Una señora me miró con curiosidad. Pedí leche con chocolate caliente y un sándwich.


Al terminar, emprendí el camino hacia la estación central.


El Trans es básicamente una mezcla de colectivo con tranvía con subterráneo. Tiene un cable en el techo que lo guía por su ruta y suele tener dos vagones unidos por lo mismo que une al subte. Los recorridos tienen paradas fijas. El sistema de boletos es algo raro pero fácil de entender: consta de una tirita con franjas y numeraciones. Cada zona es un número, entonces, si uno pasa por dos zonas, sólo usa la franja uno y dos del boleto. Sí el siguiente viaje consta de cuatro zonas, en la tirita, el chofer marca los números utilizados. Y así hasta completar los 15 renglones.


Llegué a la estación central y una vez más, dejé las cosas en un lugar lleno de lockers. A esa altura ya me conocía la zona de la estación de memoria. Dejé todo allí, y saqué el dinero justo y necesario para almorzar y comprar chucherías. También me llevé conmigo el resto del porro del día anterior y el otro porro que había quedado intacto.


Fui a un Internet café y empecé a buscar alojamiento en Berlin. Si no podía estar con Théo en Hamburgo, no tenía sentido ir ahí. Tampoco quería perder el pasaje que ya había comprado y menos aún alejarme geográficamente, ya que la posibilidad de que las cosas se resuelvan y de que él pueda pasar tiempo conmigo existían. Así que escribí varios mails esperando tener suerte. También le escribí a Théo contándole mi resolución.


El día era soleado y mi mal humor era nublado.


Amsterdam es una ciudad llena de canales. El centro tiene muchos puentecitos que los cruzan y la mayoría de la gente se mueve en bicicletas. La mayoría de los autos que se ven están estacionados. La parte central de la ciudad es una peatonal gigante.


Caminé y llegué al museo de la marihuana. Pensaba ir, pero al llegar, los turistas se me antojaron tan horribles que desistí de la idea.


Y mientras estaba ahí, caminando sin rumbo, no podía entender como mi humor podía ser tan malo. Estaba sola y no tenía nadie a quien fastidiar con mi mal genio. Entonces me fastidiaba a mí misma.


Finalmente me senté a pensar en uno de los muelles. Momentos después, abrí la cartera y saqué el cigarrillo de marihuana que había comprado el día anterior.


Y yo realmente fumo mucho y no podía darme el lujo de estar en esa ciudad y no fumar. Así que agarré el encendedor y le dí mecha al cigarro. Minutos más tarde, las cosas se aclararon. Me levanté y empecé a caminar.


La música en los auriculares tenía que cambiar. Abandoné lo que sea que estaba escuchando en el momento y puse un disco que me había bajado pero que no había escuchado aún: God Help The Girl.


Y entonces la perspectiva de la situación empezó a cambiar. Me di cuenta de que mi fastidio era una cosa estúpida y que sí no disfrutaba, podía considerarme una idiota.


Por primera vez en mi vida estaba en un lugar en el mundo en el cuál quería estar. No tenía que ir a trabajar y tampoco tenía obligaciones, lo único que tenía que hacer era pasarlo bien y no estaba haciéndolo. Me sentí un poco tonta, pero de a poco, mientras las canciones pasaban y el calor del sol se intensificaba, empecé a entender. Seguí fumando y todo parecía estar mejor.


En Holanda además de marihuana se puede conseguir hongos alucinógenos. Mi idea era comprar algunos para probar pero al preguntar, me contaron que estaban prohibidos porque los turistas no sabían administrárselos y sufrían malos viajes. Incluso, me contaron, una chica llegó a morir en un accidente causado por el exceso de hongos. No se sabe sí se quiso suicidar o fue consecuencia del mal viaje. Lo que era seguro es que estaba colocada con hongos, así que para prevenir futuros inconvenientes, el gobierno prohibió su venta tan libre.


Y yo busqué los hongos por todos lados, pero no tuve suerte. Así que desistí. Y entonces, alejándome de la zona de los canales llegué a una feria de cosas usadas, antigüedades y porquerías.


En Holanda hay una marca tradicional de cacao llamada Droste. Las latas en las que venía el chocolate en polvo, estaban por toda la feria, así que sospeché que serían un souvenir típico de turista. En una de las caras de la lata había una monja que ofrecía una taza de chocolate caliente. Y entonces supe que tenía que tener una de esos frascos, que tener uno en mi poder me iba a permitir recordar esa lección que había aprendido a fuerza de mal humor y marihuana.


Pregunté el precio en el primer puesto y no compré. A medida que la feria se extendía, el costo de la lata se reducía considerablemente. En uno de los últimos puestos compré la lata a dos euros y también compré un hermoso gatito negro de plástico para regalárselo a Théo.


Intenté buscar el museo Van Gogh pero tampoco tuve suerte. Y estaba tan colocada que no me animaba a hablar con nadie.


En la feria, mientras observaba a la gente, me di cuenta de que sí bien Amsterdam parece el lugar de la joda loca, es notorio cómo los habitantes del lugar odian esa situación.


Los habitantes de Amsterdam se habían convertido en adultos: después de la euforia de la legalización y todo eso, ellos sólo querían que los invitados se fueran a sus casas y dejaran de molestar. Entre ellos hablaban en Dutch y era notorio como querían mantener ese dialecto para ellos mismos. Porque también hablaban inglés, pero simplemente no lo hacían excepto para dirigirse a los turistas.


Paradójicamente, no podían prescindir de los intrusos, ya que la base de esa economía estaba sustentada en el turismo. Era algo incómodo pero de repente en una de las calles encontré muchos restaurantes argentinos que ofrecían asado, también argentino y dejé de pensar en ese tipo de asuntos.


Salí de la zona y mientras miraba el agua de los canales, empecé a pensar que un tipo me estaba siguiendo. Así que me metí en una antigua, grande y pintoresca libreria donde compré un pequeño y hermoso ejemplar de Little Women (uno de mis libros favoritos) en inglés. El hombre que atendía, en vez de darme una bolsa o algo así, envolvió el libro en papel madera (!) y mientras pensaba que el papel madera era algo bello me enamoré de sus grandes manos.


La siguiente librería a la que fui, era una del tipo cadena, pero tenía muchos libros y variadas ofertas. Allí encontré, escondido, una biografia de Andy Kauffman que costaba un euro con cincuenta. Cuando fui a pagar, la mujer de la caja me dijo que tenía un descuento de 30 céntimos si era estudiante. Torpemente busqué la credencial. Estaba tan fumada que no podía encontrarla y creo que la cajera se dio cuenta ya que, riéndose, me dijo que me hacía el descuento igual.


Así que ante la ausencia de hongos me pasé la tarde paseando y comprando porquerías.


Previsiblemente, cuando me quedaban apenas unos euros para ir a comer, encontré la tienda donde vendían los hongos y me tuve que quedar con las ganas y ya.


Cuando empezó a anochecer, fui a la estación a buscar mis cosas. El bus hacia Hamburgo salía a las once de la noche y quería llegar con tiempo.


Conservé las dos mitades de porro para fumármelas con Théo. Las escondí entre las toallitas femeninas y tampones y deseé que no sucediese nada en el cruce de fronteras.


A las 23:15 hs el bus partió hacia Hamburgo.


Dormí todo el trayecto hasta que, en medio de la noche, el micro se detuvo y dos oficiales de la policía subieron. Empecé a sudar. Tenía la marihuana encima y había perros. Me hice la dormida y entonces una voz:


-Miss, your passport please

jueves, 8 de julio de 2010

8 de julio /// amsterdam

El trayecto hacia Holanda consistía en bus/ferry/bus, así que durante las primeras horas del viaje dormí incómoda en el asiento hasta que a eso de la una de la mañana despertaron a todos los pasajeros porque el autobús había entrado al ferry. Así que salimos, esperamos, nos sellaron los pasaportes y después de cruzar el canal, volvimos al micro que regresó a tierra firme.


Mientras amanecía, los pequeños pueblos belgas del camino comenzaban su día. Eran lugares hermosamente quedados en el tiempo donde la vida moderna era perceptible con algo de esfuerzo.


Calculo que llegamos a Amsterdam hacia las once de la mañana. Y entonces al bajar del autobús, en la terminal, lo primero que hice fue comprar un pasaje para Hamburgo. En su último mail, Théo me decía que ese viernes tocaba un amigo en un bar y que podríamos ir. Así que el jueves a la noche estaría abandonando la ciudad. Salí de la estación con esa perspectiva feliz encima, y emprendí la ya repetitiva aventura de intentar llegar al centro de la ciudad desde el medio de la nada.


Entré al subte, una señora me ayudó con las indicaciones y al llegar a la central de trenes de Amsterdam dejé todo mi equipaje en el guardaropas. Más tarde iría a buscarlo, antes de encontrarme con Julian.


Desde que estaba en Europa no había llamado por teléfono a mi familia pero esa mañana, por algún motivo supongo relacionado al tiempo que pasó y el reciente cumpleaños de mi madre, me pareció apropiado llamar para mantener una pequeña conversación sobre el estado de las cosas.


Así que antes de ocuparme de cualquier cosa que me pudiera ocupar en Amsterdam, entré a un local, hice la llamada y así me enteré de que debido a la epidemia de gripe porcina, Buenos Aires estaba a un paso de la categoría pueblo fantasma. De que la enfermedad se cernía como un espectro sobre la incauta ciudad. Mi mamá no salía de su casa y mi hermano había estado en el hospital por un resfrío. La paranoia había llevado al desabastecimiento de elementos como alcohol en gel y barbijos. Y yo de verano a punto de fumarme un porro del tamaño de mi dedo anular.


La tercera cosa que hice al llegar a Amsterdam, fue comer unas papas fritas en un puesto de comida rápida. Y la cuarta, con las prioridades ya priorizadas, fue entrar a un coffee shop.


Estaba ahí para eso. Iba a fumar y después el plan era ir al museo de los pintores flamencos a alucinar con las pinturas. Más tarde iría a encontrarme con Julian.


Entré y le pregunté a la chica

Era como el paraíso del fumón: en diferentes tapers muchas variedades de flores canábicas. Y sí no se quería comprar en cantidad, vendían porros ya armados. Estupendo.


-Hello, please tell me about the different kinds of weed you have

-well we have this one, called inserte nombre aquí that makes you feel inserte emoción aquí and we have this one called inserte nombre aquí which makes you feel inserte emoción aquí

-oh, i want the strongest one

-are you sure?

-of course i’m sure i smoke everyday at home, I’m not afraid of any kind of strong weed

-well… we have this one, which is the special from the house and it is an special mix between inserte variedad aquí and inserte variedad aquí

-ok, i want that one and the inserte variedad aquí one. I also want a coke. Do you have lighters?

-oh, we don’t sell lighters (esta parte fue muy extraña porque justo detrás de la chica había una caja llena de encendedores pero ella se metió la mano en el bolsillo y sacó uno) but i can lend you mine

-oh thank you, can i go in there to smoke?

-yes sure


Y entonces entré a un lugar redundante: era una pecera con una pecera adentro. Un lugar confortable con sillones, luces tenues, una televisión en mute con el canal de deportes puesto, algunos espejos y la ya mencionada pecera con peces de colores adentro. Todo tipo de distracciones. También había unos tipos que estaban ahí fumando porro, riéndose y sacando fotos.


Y entonces, ahí sola, les pedí que me saquen una foto fumándome el primer porro en Amsterdam. Había esperado años para vivir algo así y finalmente estaba sucediendo. Esa noche vería a The Mars Volta y la experiencia sería total.


Y fumé, y fumé, y fumé. Cuando me di cuenta tenía medio porro encima y los tipos se estaban yendo. Me quedé sola en el lugar y mientras pensaba en cuando levantarme para ir al museo de los pintores flamencos, empecé a tener frío, no, calor, entonces empecé a abanicarme con un folleto. Tenía frío, tenía calor, mi cerebro estaba en saturno y no podía ni salir.


Me recosté en el sillón y entonces vino la chica que me atendió al principio. Me preguntó sí estaba bien y me advirtió sobre la posibilidad de que me roben la cartera si me quedaba dormida. Le dije que me sentía mal, así que me dejó dormir diez minutos. Que en realidad no dormí porque mi mente estaba en otro plano de existencia.


Finalmente vino un chico a darme charla y un chocolate. Me contó que su trabajo consiste en cuidar a la gente que se pasa como yo. Tomé más cocacola y entendí que me había bajado la presión. La marihuana había sido muy fuerte y las papas fritas no habían sido suficiente almuerzo.


El chico se rió cuando le conté que me había hecho la canchera con la chica que vendía la marihuana. Me dijo que eso pasaba todo el tiempo, y que gracias a eso, los turistas tarados pensé yo, él tiene ese trabajo.


Así que cuando me sentí mejor, antes de ver cuanto tiempo había pasado, le pedí que me saque una foto after-destruction.


Salí, tomé un poco de aire y me di cuenta de que había pasado más de tres horas en el coffeeshop. Malísimo. Ya no tenía tiempo de ir al museo. El olor a marihuana estaba impregnado por todos lados y a mí me daba náuseas.


Así que después de buscar el equipaje en la estación, hacia las cinco de la tarde tomé el trans (creo que le decían así) para ir hacia el lugar donde me tenía que encontrar con Julian.


Llegué y ahí estaba él. De estatura mediana, con muchos rulos, vestido de negro, en su bicicleta.


Nos saludamos y empezamos a caminar. La casa no estaba muy lejos de allí y en el camino me contó que ya había comprado su entrada para ver a Mars Volta, que había tenido que regalar unos gatitos que tenía y que su casa era una especie de casa tomada ( o sea, un squat ).


Al llegar nos encontramos con un edificio de tres o cuatro pisos semiabandonado. A su alrededor algunas bicicletas se amontonaban encadenadas. Julian abrió la puerta, me indicó que el baño estaba en el tercer piso, que él vivía en el segundo.


Abrió una puerta atada con una cadena y un candado.

La casa de Julian era un piso oscuro y enorme donde se amontonaba su obra. Claramente su casa era su taller y ahí tenía espacio para poner sus cuadros gigantes y ocasionales esculturas.


La cama en un rincón y el perro en otro. Una especie de tina.bañera con una manguera en un rincón y no mucho más. Todo era tan bohemio que sí no fuera por la gigante computadora applemaquintosh que había sobre una mesa, hubiera pensado que era pobre.


Dejé mis cosas, me lavé los dientes y salimos hacia el concierto.


Julian sólo se movía en bicicleta y como yo no tenía una me llevó todo el trayecto en el asiento de atrás. Las subidas, bajadas y desniveles no estuvieron bien, pero el paisaje era embriagador.


Llegamos, conseguí entrada y el recital.


Y de repente, había algo que no estaba bien. Estaba en AMSTERDAM, en un RECITAL de THE MARS VOLTA y NO estaba fumando marihuana.


Y entonces no lo pude creer. Realmente estaba asqueada y pensar en fumar de nuevo era una idea que me parecía realmente repulsiva. ¿Era posible? Que gracias a una mala experiencia en Amsterdam dejara de fumar?


El concierto era en un lugar llamado Paradiso y era difícil diferenciar sí había sido un templo o un teatro en tiempos pasados.


Cedric tenía un microfono blanco y gigante que parecía un porro. Me pregunté si era adrede. La escenografía era una tarántula de mil ojos.


Al salir del concierto fuimos a la zona roja, paseamos por el centro de la ciudad que, a decir verdad, no era demasiado grande y todo estuvo bien.


Volvimos paseando por ahí y al llegar chequée el mail


Malas noticias:

lovely,

i dont know what day of the kiss mean
but i wrote in the newsletter thats this was the day!
but we missed it and we didnt celebrate it. what a shame!
so i thing we have to do our own day of the kiss!

schlagermove is really really crap. so dont think about it.
but if you like we can go there an laugh about the people.
at that festival the people are wearing some
kind of flower-power cloth and dance and drink to
really shitty geman music from the past.

but i have to tell you that i got a serious problem
with my fucked up friend.
i really dont like to ask but is it perhaps possible
that you come to me a day later?
i really dont want it that way but i have to look after .
i dosent have do something with girls or what ever.
i feel like that i have do it.
when it isn#t possible for you than you can shurly come,
i will find an other way than...
it makes me really sad to ask this but i told you already
that it isnt the best time for me at the moment.
fuck. dont take this amiss.

but than you can stay as long as you want!

kisskiss
théo


Y después de eso el ánimo me cambió para siempre. Realmente quería quedarme en silencio y no tener que hablar trivialidades, pero no podía ser tan descortés con Julian. Así que intenté ignorarlo todo y seguir.


Él salió un momento y al volver tenía unos pijamas muy graciosos y lindos. Color celeste, amplios. Intenté mantener la compostura, pero ese mail me había afectado profundamente. Ya tenía boleto para Hamburgo pero no podía volver. Realmente no sabía que hacer, así que comimos unos fideos recalentados, hablamos sobre el arte y nos fuimos a dormir. Esa sería la única noche que pasaría en Ámsterdam.

lunes, 5 de julio de 2010

5 de julio /// northampton

Hacia las once de la mañana, Nathan vino a despertarme. El plan era pasear con él y Mary por el pueblo para después ir a buscar a Adam a la salida del trabajo.


Adam y Mary tenían la misma edad que yo. Adam era rubio, alto, simpático. Había viajado por Asia el año anterior con su novia pero ahora estaba soltero. Mary era muy simpática y lucía muy inglesa, ojos claros, regordeta, sonriente. Nathan tenía 23 años y lucía como un rapero pandillero atrapado en un pueblo que le quedaba algo chico.


Era un domingo soleado y las calles estaban semivacías. Adam trabajaba en una tienda donde
se vendía y compraba de todo: libros, discos, equipos de audio, televisores, instrumentos musicales, dvds, etc. Estaba abierto hasta la una del mediodía, así que teníamos que hacer tiempo.


Compramos bagels y juguitos (Nathan compró café) y fuimos al museo del zapato de Northampton. Básicamente, el museo del zapato es una representación de lo que Northampton significa en el folclore del Reino Unido.


Y mientras que la cosmopolita y llena de gente Londres se encontraba a pocas horas de dónde estaba ahora, por algún motivo que no podía saber muy bien, esa mañana de domingo me sentía mucho más feliz en ese sencillo pueblo en el que no pasaba nada de nada.



El museo del zapato era un edificio relativamente moderno y tenebroso. Las únicas personas ahí esa mañana éramos nosotros tres y la recepcionista que leía el diario sin demostrar demasiado interés por lo que pudiera ocurrir.


En las primeras salas, a través de maniquíes representativos que tenían que parecer personas (pero en realidad eran objeto de pesadilla) se podía ver como era la vida en la antigüedad y como eran los primeros zapateros; también se describía el proceso de hacer un zapato, sus partes, los pasos a seguir en la fabricación, etc.


En el resto del museo y divididos por épocas, había una gran colección de zapatos en exposición. Había zapatos antiguos, zapatos famosos, zapatos típicos, etc. Recuerdo haberme sorprendido de ver el par de zapatos con plataformas diseñado por Vivienne Westwood que hiciera caer a Naomi Campbell en un desfile. También había zapatos extravagantes que habían pertenecido a Elton John y otras celebridades (no hay que olvidar que Inglaterra es la cuna del Glam Rock). Faltaban los zapatos rojos de Dorothy nomás. En la parte interactiva del lugar, una montaña de zapatos para probarse y jugar (a qué, no sé).


En una de las salas, completamente ajeno al contenido del museo, había un retrato de Alan Moore pintado por los estudiantes de no sé donde a modo de homenaje al residente más famoso del pueblo.



Salimos y fuimos a buscar a Adam.


En el camino, Mary y Nathan me contaron lo que pasó esa madrugada: A las 5 de la mañana tocaron el timbre y Mary fue a atender. Era alguien que decía que era el novio de Ashleigh y que la estaba buscando. El chico estaba completamente borracho pero ante su insistencia, Mary lo dejó pasar. Entonces, sin perder tiempo, el muchacho subió y se metió en la cama de Ash, que dormía. Cuando la chica se dio cuenta, empezó a echarlo, a decirle que se vaya a su casa y que ella no era su novia.

El chico se iba quedando dormido y a la vez se negaba a irse. Entonces, pasó lo peor: de tan borracho se meó en la cama. Por supuesto que después de eso el pibe se fue y Ashleigh tuvo que cambiar las sábanas a las seis de la mañana.


Si bien Nathan, Adam y Mary me caían maravillosamente bien, teníamos un único problema entre nosotros. Porque sí yo pensaba que el acento en Londres era cerrado, nada me hubiera podido preparar para las formas de hablar inglés de estos chicos. Y no sé sí ellos lo sabían del todo pero yo no quería ser descortés y me molestaba pedirles que repitan todo, todo el tiempo. Pero bueno, realmente quería entender de que iba la historia de Ash, así que hasta que Adam salió de la tienda, ellos se dedicaron a explicarme lo que pasó. Realmente me costó entender y creer la parte en la cuál el borracho se hacía pis encima.


Una vez que Adam estuvo fuera del trabajo, fuimos a la tienda de comics del pueblo a averiguar cosas sobre Alan Moore.



En la comiquería se podía encontrar ediciones de todo tipo del trabajo del escritor. Compré su novela, (the voice of fire) que no había podido encontrar en ningún lugar y al charlar con el hombre que atendía, éste nos contó que todo el tiempo llegan fanáticos que preguntan dónde vive el señor Moore, que piensan que simplemente pueden llegar y tocar el timbre, que Alan los va a invitar con masitas y té, cuando en realidad eso es algo muy molesto. Por eso, siguió explicando, se suele organizar firmas de ejemplares en determinadas fechas en el lugar, para que los fans (los de los comics pueden ser bastante tediosos) lo conozcan y no lo molesten en su vida cotidiana



Ante este panorama, como no quería quedar como una loca, desistí completamente de mi idea original. Pagué el libro y nos fuimos a seguir el paseo dominical.


Mary se había mudado hace poco a la casa y todavía tenía que sacar basura de su residencia anterior. Así que fuimos hacia allí. Llegamos y estaba cerrado con llave. El lugar tenía dos puertas: la primera que era como una pared y detrás, la casa en sí. En el medio había un patiecito. Mary no tenía llaves, pero sabía que había un juego de copias debajo de la alfombra que estaba en la puerta de la segunda puerta, así que Adam, saltó la pared y abrió desde adentro. Entre todos sacamos como diez bolsas de basura y la vecina de enfrente miraba raro pero no dijo nada.


Finalmente volvimos al hogar y después de fumar porro y ver fotos en la computadora, nos fuimos a dormir la siesta. Que otra cosa se podía hacer un domingo en un pueblo así. Yo aproveché para chequear los mails


i can tell you: i hate media-jobs.
i travel to berlin and when i arrived they told me
that everything is cancled in cause of something.
fuck. now i m back just with the travel-cost they payed me.

but i lent a bike for you.
perhaps its makeing a trip to the museum
a bit easier....

so do you already know when will arrive?
(on friday an old friend of my brother and me
will play a gig here in hamburg in my favorit club,
he plays some kind of stoner rock. perhaps we will see
it, if you like)

kuss
théo



Al anochecer nos levantamos y fuimos a hacer las compras para la cena. Cociné pasta para todos y más tarde vimos la película de Matt Damon y Greg Kinnear en la que ellos son hermanos siameses y se hacen amigos de Cher. Me quedé dormida en el sillón y el domingo se quedó ahí.

viernes, 9 de abril de 2010

30 de junio /// hamburgo

Promethéo tiene 28 años. Es el hijo mayor de un prestigioso guitarrista italiano y una alemana que no se cansa de malcriarlo a él y a su hermano menor, Daniel. Los hermanos son DJ's, pasan música en festivales, bares o donde sea que tengan que hacerlo, como por ejemplo la fiesta de Thurston en donde nos conocimos. De todos los hermanos que conocí, son uno de los pares más unidos que vi en mi vida. Théo y Daniel son tan unidos que viven en departamentos diferentes en el mismo edificio.

Théo vive en la planta baja. Tiene muchos discos de vinilo, un par de bandejas, un mixer y muchas cosas inherentes al mundo de los djs. También tiene una cama grande: es un chico alto y si bien es algo moreno (aunque quemado por el sol) tiene los ojos celestes más grandes, brillantes y cálidos que haya visto en mi vida. Debajo de sus ojos, ojeras mediterráneas marcadas y moradas. Théo tiene la nariz ligeramente quebrada en el tabique y le gusta decir que él es todo lo italiano que puede ser, mientras que Daniel heredó todo el costado alemán de la mezcla de sus padres.

Sus gatos Uschi y Bronko también son hermanos.

J: Do you think they know they are brother and sister?
T: I think they just think they belong together.

Aparte de la música electrónica que suele pasar, a Théo le gusta el hip-hop: con él descubrí la variante alemana del rap, algo muy llamativo y raro para mí, que no entiendo ni un ápice del idioma. Uno de los discos favoritos de Théo es Psyence Fiction de Unkle, un disco, al decir de Théo, completamente hecho con la cabeza.

¿Música hecha con la cabeza?

Al hablar sobre sonidos, rápidamente descubrimos que nuestros gustos, si bien con puntos en común, eran un poco diferentes. Théo llegó a la conclusión de que a mí me gusta la música hecha con el corazón, mientras que él prefiere la música hecha con la cabeza.

Para él la música hecha con el corazón es algo anticuado que por algún motivo no puede alcanzar su sistema y por eso no le gusta. Supongo que es parte de ser alemán.

Aquella mañana me desperté con un fuerte dolor de espalda, el sillón era un poco incómodo y no tenía idea de la hora que era aunque el sol brillaba a través de la ventana.

Me levanté y fui hasta la habitación de Théo.

Esa fue la primera vez que vi esa cama tan grande.

Théo dormía y ocupaba menos de la mitad del espacio. Así que después pensarlo por un par de segundos decidí acostarme al lado. Él sintió la nueva presión al costado de su cuerpo, el colchón ligeramente hundido.

Me acerqué para mirarlo bien de cerca mientras dormía.

Con los ojos aún cerrados me agarró de la cintura y me besó.

El primer beso.





Algunas horas más tarde nos levantamos y una vez estuvimos en la cocina me preguntó que quería desayunar. Yo sólo tomo chocolatada así que le pregunté si tenía. No dijo nada y salió de la casa precipitadamente, así, en calzones y remera. Volvió a los pocos minutos: en una taza transparente traía nesquick, lo había ido a buscar al departamento de Daniel. Me preparó la cocoa y el tomó café en una taza anaranjada con el logo del jägermaister. También hizo tostadas.

El mediodía había ocurrido hace algunas horas y yo tenía que volver al hostel, buscar mi pasaporte y llevarlo a la oficina de Ryan Air antes de las seis de la tarde.

Volvimos a la cama.

Finalmente nos levantamos y fuimos al hostel a buscar el pasaporte. En el camino encontramos una especie de negocio de segunda mano lleno de cachivaches. Entramos y esa fue la primera vez que vi una hermosa lampara con forma de gato. Era muy incómoda como para viajar con ella. Pero deseé poder tenerla.

Luego fuimos a la estación central, terminé el trámite y caí en la cuenta: al día siguiente tenía que partir hacia Londres.

Nos fuimos de paseo por el centro de Hamburgo.

El estado de fascinación mutua era tal que me pidió que me quede en su casa esa noche también. Así que fuimos a buscar todo mi equipaje al hostel.


Esa noche cocinamos algo con albahaca y bailamos canciones de hip hop en la cocina. Esa noche hablamos sobre muchas otras nimiedades y el piso de madera gastada y los gatos que ibanvenían y el plástico con estampado de flores pegado a la mesa.

La cama con esa funda amarilla y el edredón gigante, pesado a un costado.

Esa noche nos quedamos dormidos dándonos besos.


A la mañana siguiente, Théo dijo


-Do you want some cocoa?


sábado, 16 de enero de 2010

29 de junio /// hamburgo

La mañana del lunes 29 de junio en Hamburgo fue una bastante, bastante soleada. Al punto que hacia las siete de la mañana el resplandor del sol en la ventana me hizo despertar y en cuanto miré a la derecha, ví que en la cama de al lado un punk de pelo rosado dormía junto a una chica que se babeaba un poco.



Seguí durmiendo.


Un par de horas después, abrí los ojos de nuevo, pero esa vez, la chica al lado del punk ya no estaba. Por el contrario, el chico punk estaba armando la mochila.



Seguí durmiendo.



Algunas horas después, cuando todos en la habitación se fueron, me levanté, me arreglé un poco y salí a buscar algo para desayunar y a hablar por teléfono: el número de Théo en mi bolsillo.


Ir al supermercado en Alemania, cómo ya mencioné antes, es una experiencia extranatural por excelencia.



Y en ese momento, Alemania me pareció ser el único lugar del mundo dónde, en el supermercado, le dedican más de una góndola a los productos hechos de chocolate.



Las galletitas tenían chips de verdad y simplemente eran chocolatosamente interminables.



Antes de pasar por el supermercado, fui a hablar por teléfono.



Llamé por primera vez y me atendió una chica que dijo que llame a Théo al cabo de cinco minutos.



¿Una chica? ¿Qué me decía que llame de nuevo en cinco minutos? ¿Que Théo no podía atender?



Empecé a sentirme un poco tonta, pero en el súper me distraje con las variedades de salchichas -frankfutern- en la sección de congelados.



Pagué mis cosas y volví al kiosco para llamar a Théo. Un ring, dos ring, voz de mujer. puta madre.



"Théo sez jis gouin tchu pik iu ap at seven at de joustel"



"Théo me va a pasar a buscar a las siete por el hostel. Si!" pensé.



Esperaba para pagar la llamada cuando un pibe de aspecto punk, raro y descuidado entró al kiosco. En su hombro izquierdo llevaba algo que parecía una rata muerta. Pero no podía ser una rata muerta. ¿Estaría viva? ¿No sería raro que aunque esté viva luzca como muerta?



Pagué y me fui.



Desayuné en el hostel y empecé a pensar que si quería llegar a tiempo al concierto de Blur en Londres aquel miércoles, debía comprar un pasaje lo antes posible.



Chequée mis opciones en internet, pero para comprar un pasaje barato necesitaba tener una tarjeta de crédito. Y la tenía, pero simplemente no quería usarla porque la idea era tenerla en caso de emergencia.



Así que se me ocurrió salir a buscar una agencia de viajes o alguna forma de llegar a Londres desde Hamburgo.



Caminé algunas cuadras cuando me topé con Thurston. Él iba al banco, así que lo acompañé ya que me invitó a desayunar luego de hacer lo que sea que tenía que hacer en el banco.



Durante el desayuno, le conté sobre el asunto que tenía con el pasaje a Londres. Me dijo que podíamos ir a una agencia de viajes que estaba cerca de ahí. Él pidió un café, yo una coca-cola. La mesera nos sacó una foto con mi cámara. Algunas personas lo saludaron (evidentemente Martin tenía razón y era popular en el vecindario), pagamos y nos fuimos.



En la agencia de viajes, descubrí que un pasaje para salir hacia Londres al día siguiente o al siguiente, salía más de 150 euros que no estaba dispuesta a pagar.



Fuimos a la casa de Thurston y chequeamos pasajes en internet. No eran mucho más baratos y aparte, necesitaba una tarjeta de crédito. Thurston ofreció prestarme la suya, pero no podía aceptarlo. Le dije que iba a buscar otra solución, que no se preocupe, que usualmente consigo lo que quiero.



Así que nos despedimos y me fui al centro de Hamburgo a buscar un pasaje a Londres, ropa barata en H&M o lo que sea que tenga que encontrar.



Hamburgo es una ciudad portuaria. Hay bares que podrían frecuentar los marineros lo cuál hace que la decoración sea muy obvia. En las remeras, bolsos y demás objetos turísticos, el símbolo de Hamburgo es un ancla. Hay muchos jardines y algunas avenidas.



Al llegar a la estación central de ómnibus, intenté averiguar las diferentes formas de llegar a Londres.



La solución se presentó en forma de pequeña oficina de RyanAir. Así que por algunos euros, compré un pasaje de avión para salir hacia Londres el miércoles 1 de julio hacia las ocho y media de la noche.



El único inconveniente era que tendría que regresar al día siguiente porque sin darme cuenta había salido sin el pasaporte. Así que dejé el pasaje reservado y prometí regresar.



Cuando llegó la hora siete, Théo apareció en la puerta del hostel con la bicicleta y esperó por mí. Lo ví llegar a través de la ventana del primer piso que daba a la calle. Yo y mi costumbre de mirar por la ventana.



Nos saludamos y comenzamos a caminar hacia lo que Théo llamaba el costado trasher de Hamburgo: La zona de los bares de borrachos, los junkies y los cabarets. Luego fuimos a la casa de los Beatles en Hamburgo:



"HIER WONHTEN DIE BEATLES 1960"



Aquel día, fue el día más largo del verano y nosotros, casi dos perfectos extraños, caminábamos siguiendo el mismo compás y el tiempo parecía no pasar. Todo, absolutamente todo era motivo para sonreir, seguir caminando y hablar más.



Al atardecer, fuimos a un lugar llamado "Park Fiction": era una plaza grande cerca del puerto, había una cancha de fútbol y dispuestas por todo el lugar, palmeras de metal, de mentira, de color verde en las supuestas hojas y marrón en el tronco.



Nos sentamos y Théo se puso a armar un cigarrillo de tabacco mezclado con marihuana. El ambiente era agradable, los chicos jugaban a la pelota, la gente se divertía. Se respiraba buen humor.



Una vez terminamos de fumar fuimos para el lado del puerto.



Pasamos con la bici por la puerta de un restaurant muy elegante. En la puerta había mesas y sillas. Théo me contó que una vez, una chica que quería montárselo con él, lo invitó a comer ahí. Cuando nos alejamos un poco, me hizo notar que había escuchado que un par de comensales se rieron de nosotros, de nuestro paseo en bicicleta, nuestras sonrisas y eso.



-dont' you worry. They just don't get it.- dije.



Él sonrió y ahí pude entender que él sí lo había entendido.



La noche cayó y fuimos a seguir fumando a un parque que hace muchos muchos años había sido un cementerio. Sentados en un banco, en la oscuridad, cantamos canciones, hablamos sobre gatos, barcos y anclas y de repente, era muy tarde.



Salimos del parque y pensamos en que podríamos hacer. Después de mucho vacilar, decidimos ir a su casa. Yo simplemente no quería volver al hostel y simplemente queríamos seguir hablando.



Fuimos caminando. Pasamos por una avenida. Un auto chocado, sirenas de la policía. Daba igual, era la felicidad.



Al llegar, Théo empezó a murmurar algo como mitz mitz.



Abrió la puerta, entramos, y dos cascabeles con gatos detrás aparecieron. Eran Uschi y Bronko.



Joder. Soy alérgica a los gatos y éstos dos eran muy peludos.



Elegimos una película y antes de empezar a verla Théo hizo un llamado telefónico. Cuando cortó, me dijo:



-Listo, mañana no trabajo.
-¿Cómo que no trabajás?
-Si. No tengo ganas de ir mañana. Así que no voy.



Théo puso "All about Eve" en la computadora y a la hora de película, el sueño me encontró en ese sillón, no muy cómodo que digamos. Entresueños, sentí cómo Théo apagaba el artefacto y se iba a dormir a su cama, dejándome en el sillón. Minutos después, sentí una manta que me cubría.



Para ser un sólo día, habíamos pasado más de siete horas juntos.

miércoles, 27 de mayo de 2009

fin de semana largo

Desde el jueves aparecen.

es gente nueva que luce vieja o conocida. O gente que ya conocía, pero que en realidad no conozco.

1.
El jueves por la mañana apareció en el msn un cartel de esos "fulano de tal te ha agregado a su lista de contactos bla bla bla"
Marqué aceptar porque bueno, la curiosidad es un asunto serio.
A las dos horas, fulano de tal, se conectó.

Resulta que era un chico que sospechaba que yo podía ser su compañera de la clase de alemán.
Si alguna vez me agregaran al msn sin que yo lo supiera, lo primero que diría sería algo así como quiensosdedondesacastemimailahnonosconocemosvamosahacerreasearch

y así empecé a indagar sobre la vida del muchacho

Sebastián se llama. Ya sabía que estudiaba alemán, le pregunté más cosas.

28 años. Estudiante de filosofia, casi doctorado, vive en Palermo, solo. Y, detalle no menor, es un absoluto fanático enfermo de las tildes.
A lo largo del chat, me obliga a escribir bien, ya que cuando obvio las tildes por pereza o lo que sea, se empecina en corregirme
johana dice:
y donde estudiaste?
sebastián dice:
Dónde
johana dice:
bueno, eso.

Durante la mañana me dice que lo sorprende que leerme sea algo entretenido, supongo entonces que el resto del mundo o un poco menos, lo aburre.

No me cuesta darme cuenta de que el chico toca el piano. Menciona a Bill Evans. Lo chicaneo diciéndole que seguro que le gusta Satie. Y luego le digo, bueno, Satie no, pero seguro que Chopin sí.

Hace algunos años, tuve un novio que estudiaba filosofía. Una de nuestras primeras conversaciones giró en torno a Bill Evans. Mi novio estudiante de filosofia también tocaba el piano. Por prejuicio o lo que sea, asumí que eran todos iguales. Le pregunté a Sebastián cuál era su disco favorito de todo el mundo. No me respondió. Es que yo creo que el disco favorito de alguien en la vida, dice mucho sobre la persona. Y no es un capricho. Es una convicción.

En este momento, mi disco favorito del mundo es Thriller de Michael Jackson.

Pero no sé por cuanto tiempo más.

otro viejo conocido apareció.

si, bob.

2.
El domingo por la noche fue el cumpleaños de Christian. En su casa, aprovechándome de su vasta discoteca de mp3, me llevé algunos discos. Nada nuevo, todo bastante predecible.

3.
El sábado por la tarde, ocurrió algo mágico.

Estaba sola en casa, algo bastante aburrida. Prendí la radio y también prendí un cigarro de chocolate malo

Por algún motivo, que creo firmemente tiene una cosmoconexión absoluta con lo que voy a contar, la estación de radio que suelo escuchar, no funcionaba.

Así que empecé a correr la perilla, buscando algo de música que me guste.

Y después de escuchar muchas canciones que yo simplemente denominaría como "de mierda", me detuve en algo que sonaba como una canción del disco nuevo de Bob Dylan.

Estoy casi convencida de que era.

Y, tirada en la cama, escuchando, cuando la canción terminó, empezó otra.

Con teclados, guitarra y una letra tan oh! bob, pero sin la voz de arena y pegamento.

Si era un intento deliberado por hacer una canción alla bob, era uno bastante bueno, pero por copión, merecedor de toda mi indignación. Como alguien osa hacer algo así!

rápidamente, agarré el papel que más cerca tenía, que era el resumen de la tarjeta de crédito. Allí escribí un par de líneas, fragmentos de la canción en cuestión

if i was a thief
perhaps i'd rob them

la canción terminó, y la vida siguió como siempre.

4.
al día siguiente, en la notebook de mi novio, robamos wifi por un rato a algún vecino que no estaría en casa.
En efecto, google mediante, pude saber que la canción era efectivamente obra de Bob y youtube mediante, la escuchamos

y puede que mi novio estuviera algo malhumorado en ese momento, pero para mi fue mágico.

Una canción total y absolutamente hermosa

y no me importa que en wikipedia pongan que es ligeramente parecida a "like a rolling stone".

no me importa

Porque lo es, y por algo es apenas un simple. Yo creo que es una maravillosa segunda parte. Una secuela perfecta y a juzgar simplemente por lo que transmite, algo un poco más feliz que su predecesora.

es Positively 4th street.

5.
El viernes por la mañana, recibí un mensaje de texto, mientras llevaba un sobre a un edificio de puerto madero.

Fue un viernes raro. Pasada la mitad de mayo el clima era digno de octubre. El ambiente era lindo, el río y había olor a vacaciones.

Tambié había olor a asado.

"Hola soy gisela
mi msn es..."

Gisela K. era mi mejor amiga cuando tenía cinco años. Luego nos cambiaron de colegio y nos separamos.

Ahora está en mi msn.

Hoy probablemente vaya a su casa.

También puede que venga Ariel, que era su novio en jardín de infantes, aunque el idilio no sobrevivió ni en primero, ni en segundo, ni en tercer grado, el último año que pasamos juntos.

6.
Esa noche, mi amiga victor y mi amigo nacho festejaron sus cumpleaños haciendo una fiesta con baile y torta. Nada mejor.

Allí tuve la posibilidad de observar al bebote, un chico que ya conocía de antes, pero que nunca me generó el interés suficiente como para ponerme a pensar en él, y menos aún en un mote que lo describa.

Como muchos deben saber, soy una apasionada del baile y de la pista de baile, y de la vida, porque no.

El bebote es un chico que no es muy lindo que digamos, aunque tampoco es feo, claro está. Es un chico que en el subte no llamaría la atención en absoluto.

Pero la pista de baile no es el subte.

Y cuando el bebote baila, lo hace maravillosamente bien. Le gusta bailar con las chicas, sacarlas a bailar, hacer pasos ingeniosos y que las chicas lo mimen y lo adoren, casi como un histeriqueo musicalizado con rumba.

Aunque el bebote no sería el bebote si no fuera porque hace algo de lo que pocos se percatan y es lo que lo hace tan especial a los ojos femeninos.

La gracia del bebote es que hace sentir lindas a las chicas

ese es su algo

y no importa que él no llame la atención en el subte, cuando baila con cualquiera de las chicas, las hace sentir lindas.

Y a las chicas les gusta sentirse lindas

ahí radica el encanto del bebote

8.
Y en la noche del domingo, me llevé The Freewheelin' Bob Dylan para escuchar y descubrir.

Y al principio no me gustó demasiado, pero estoy empezando a pensar que definitivamente se merece las 5 estrellas que le pusieron en el allmusic

y la canción blowin' in the wind, me recuerda un poco a yesterday y a las personas que realmente NO LO entienden

9.
cuando estaba en la primaria, nos hicieron aprender yesterday en la clase de inglés.

Desde entonces y sin cambiar de opinión jamás, me parece una canción horrorosa. Y cuando uno escucha cosas como here comes the sun, yesterday luce tan... insulsa.

Y yesterday es como blowin' in the wind. Es una de esas canciones cuyas letras a menudo aparecen ilustrando algo.

las letras traducidas, sin música huerfanas, no son algo feliz, y menos cuando se las utiliza para dar a entender algo.

Pero hoy, mientras escuchaba blowin' in the wind en el colectivo, entendí porque es tan buena esa canción.

aunque positively es mejor

10.
La noche del domingo fue el cumpleaños de Christian.

Nos juntamos en su casa y luego nos fuimos de bares a encontrarnos con más gente y a divertirnos.

Y aparecieron, Matias y Matias.

Matias es un chico que me cae maravillosamente bien. Siempre fue así.

Matias es un chico que me caía asquerosamente mal. Siempre fue así.

Ahora, Matias y Matias, por intermedio de Christian, son amigos.

Y hablando, de esa forma mágica en la cuál las palabras fluyen y el entendimiento total es posible, ahora Matias, Matias y yo, somos amigos.



Hoy voy a juntarme con Gisela y Ariel, voy a llevar fotos y algo que recuerde lo que fuimos.

Creo que voy a borrar a Sebastián del msn

Mi nuevo nickname será the freewheelin' johana

Ayer charlé con el el bebote

Planeo invitar a Christian, a Matias y a Matias a cenar a casa. yo cocinaré.


y ya falta tan sólo un mes para irme de viaje.



nada como el equipaje emocional




y es que a veces tengo un corazón demasiado sentimental.


martes, 7 de abril de 2009

aventuras de la vida cotidiana: ya puedo volver a vestirme de negro

Después de acumular durante semanas y semanas ropa sucia en el canasto, me decidí a lavarla.

En el lavarropas, claro.

Que se pensaban que iba a lavarme los corpiños a mano? Déjense de joder por el amor de dios.

Lo primero que hice fue separarla por colores: lo negro todo junto (eso incluye azul marino y marrón chocolate), la ropa clara en otro montoncito y la ropa de color en una montaña.

Y si, dado que Carmen se empeña en lavar todo junto color con blanco y eso con negro y me destiñe todo, le dije que no me lave más la ropa que lo iba a hacer yo. No sé en que estaba pensando.

Así que para comenzar, agarré la montaña de ropa oscura y la metí en el lavarropas. Puse jabón en polvo y suavizante. Programé el aparato para que sea un lavado corto, porque, por si no lo saben, cuando ponen lavados largos, la ropa oscura se arruina y queda toda descolorida como la remera de kiss que uso para dormir que antes era negra pero que ahora es gris.

Mientras la ropa se lavaba, decidí ir a farmacity a comprarme un desodorante.

Nunca pensé que hacerlo podía ser tan complicado!

Llegué y fui directo a la góndola correspondiente. Para mi desgracia, en los altoparlantes sonaba una canción de wham! que no me dejaba concentrarme en la fragancia que quería elegir.

Lo único que podía hacer era cantar ueik mi ap bifor iu gou gou dount liv mi jangin laik e io io y bailar al compás de la irresistible melodía como quien no quiere la cosa.

Cuando la canción terminó, fijé mi vista en la sección donde están todos los desodorantes rexona juntos y descubrí que los desodorantes ya no se pueden "probar" porque tienen una especie de precinto de seguridad que no deja oler sin romperlo. Y como soy una persona de bien, claro que no lo rompí, no sea cosa que me descubran.

Así que para elegir el desodorante tuve que guiarme por los nombres de las fragancias: tropical energy, lemon splash, shiny y happy.

Por supuesto que elegí la fragancia happy, porque yo quiero oler como una persona feliz, y si un desodorante me promete que voy a ser y oler a feliz, claro que lo compro. No lo dudo.

Así que volví a mi casa y saqué toda la ropa negra del lavarropas y la puse a centrifugar en el secarropas. Luego la separé por géneros, o sea, remeras por un lado, pantalones por el otro, medias, calzones y corpiños en otro montoncito. Sacudí todas las prendas antes de colgarlas y recordé cuando era chica y mi mamá me hacía colgar la ropa, que me gustaba separar los broches por colores y que todo combine.

viernes, 27 de marzo de 2009

cabeza de radio

Ok, ok, si claro que me gusta Radiohead... O sea, escuché los primeros discos hace como diez años. Claro, yo era muy jóven cuando apareció Kid A. Recuerdo haberlo escuchado y que me guste más que Ok Computer. Y si, ya sé que la gente adora esta banda... pero a mi, simplemente, nunca me terminó de cerrar. Y eso que me sé The Bends bastante bien y un poco menos, Pablo Honey.


Después de Kid A, de los discos restantes escuché poco y nada, en casas ajenas, en videoclips, en la radio... que si me bajé el disco gratis? por supuesto que no.

Y no, nunca dije que yo fuera como ustedes.

Y yo era jóven y pensaba que la vida apestaba y escuchaba algo de Radiohead para convencerme de ello. Y aún recuerdo una de las primeras charlas con quien sería mi mejor amigo durante algunos años. Él hablaba de Kid A en la puerta de la escuela, conmigo y varios amigos más. Una perorata así de larga se mandó el muchacho, todo para que yo lo interrumpiera hacia el final, sólo para decirle...

Todo eso lo leíste en inrockuptibles, no?


Y bueno, el tiempo pasa y la vida no apesta. La vida es bastante divertida y buena al fin y al cabo. Cosas emocionantes pasan todo el tiempo. Si. Todo el tiempo. Sólo hay que ser lo suficientemente poco oveja como para saber encontrar la diversión.


Y no, 300 pesos. Quien diablos en sus cabales pagaría 300 pesos por algo más de dos horas de show?

Que oveja que es la gente.


Pero esto es sobre otra cosa, sobre la gente y su falta de curiosidad y su vocación de oveja y bla bla bla. ¿qué sí hablo como una maldita superada snob? claro que sí.


Es mi vocación. Quizás lo soy.

De todas formas no lo voy a entender nunca. Por suerte, entiendo muy bien que no entiendo. Te vamos a pedir mucha mucha plata y nos la vas a dar. Así. sin más.


Y ahora mismo. Ahora ya, sólo por snob les digo: bajense YA Partie Traumatic de Black Kids. Mi amigo matias dice que esa banda es una mierda. Yo digo que sirve para bailar.


Cualquier cosa que sirva para bailar es buena.


CUALQUIER COSA


Porque cuando la vida no apesta, uno se da cuenta de que es un baile. Y si radiohead no me hace bailar. no significa que sea malo o pésimo o inmundo. Significa que no me interesa.


Porque yo soy una bailarina nata.


y los bailarines



bailan



Y claro que no me iba a perder a Radiohead. Y claro que no iba a pagar 300 pesos. Porque seré pobre pero no soy ninguna oveja.


Y si, claro que pagué para ver a Madonna. Y si, claro que bailé como nunca. sóla y divertida.


Y si, claro que en Madonna, soborné al de la puerta.


Nunca pagaría lo que madonna quiere. has escuchado querida madge? nunca tendrás mi dinero!


Y entonces, cuando se dice que tal regaló su disco por internet y que la música es libre es de todos y vamos con la revolución comunista y de repente pedís tres gambas, trecientos pesos para verte: lo que tiene de comunista tu (ficticia) revolución lo tiene más de común que de ista, y ahí ya no me caes bien y si, voy a escuchar tu música pero nunca tendrás mi dinero.


Y no porque no lo tenga, sino porque no te creo.


Y entonces, te despedís en la marea humana de chicos con jean y remera descolorida negra, de tu novio, que también usa jeans y remera descolorida negra. Y él se va. Feliz. Y deseas que se divierta mucho pero a la vez te da asco que sea tan igual a todos. que sea tan oveja. tan poco propenso a la aventura. Tan--- "pago lo que sea".


Y cuando tu novio se fue. contento, con la entrada, vayan pasando chicos, con la entrada en la mano, vamos rebaño todos juntos por este pasillo las chicas a la derecha con la cartera abierta, los chicos a la izquierda con la mochila abierta, nada de comida, ni de botellas, no, te vamos a vender las cosas a 4 veces su valor, ahí es donde comienza la aventura.


Y entonces, nadie paga la emoción que genera la incertidumbre, y la banda no importa, pero entrar si.


Y entonces primero intentás colarte por la parte aquella por donde sigue el rebaño. y el de seguridad se da cuenta y te echa.


y la aventura exige más riesgo.


entonces, bordeas todo el club. hasta el final. llegás a defe y en el camino ves mucha gente como vos. gente que quiere entrar pero que no quiere pagar. pero que probablemente no paga porque no puede, y en realidad, se muere por ver a la banda. o gente como uno que tanto joder.


y entonces, seguís caminando y llegaste al fin, al final del último club. es defe. y lo bordeas y entonces, cuando llegás a la autopista, luego de haber atravesado una puerta amenazada con ser tirada por una turba de fanáticos, llegás a la autopista.


y hay un policia.


uno que no te deja pasar.


uno que no deja pasar a nadie.


y está oscuro.


y el policia se va.


y bordeás la autopista. y la banda ya no importa. importa esa aventura que estás viviendo en ese momento.



Hay que correr



antes de que se den cuenta.



CORRER



Y así, llegás a donde está el segundo policia. uno que vigila un camino oculto, un camino oscuro, con tierra, pasto alto, y lo que sea. un camino al fin.



y no te deja pasar.



pero le decís venga hombre que sólo soy una chica buena



que no vamos a hacer nada malo



que si usted lo dispone, nos vamos cuando usted lo diga.



vaya nomás muchacha



y ahi. al final del pasillo. una luz



y al final de la luz



dos hombres.



oiga amigo que no será posible pasar.



no chicos, vayanse que nos meten en problemas. pero si te doy plata. no tampoco. vayanse. sólo queremos estar acá. y radiohead se escucha perfecto desde aquel pasillo. y suena airbag y estás ahí y en realidad todo esta cerca



y en la oscuridad. mientras la música suena, muy alta por cierto, un canuto se enciende. y se siente paz, en ese pasillo en el que nunca estarías en tu vida, sino fuera porque hay que bailar.



este es el baile



pero no. que tu no bailas con la más fea.



y entonces, ligeramente colocados, vemos sombras. sombras que corren y desaparecen.



y, colocados, abandonamos el pasillo. aquel pasillo oscuro, lleno de hojas y quien sabe que más, porque nunca vimos nada. Solo sentimos, en la oscuridad, que había hojas y tierra y nosotros y el baile y la música en el aire.



y entonces señor policia nos vamos. podemos obtener algo mejor. (pero cualquier cosa, volvemos, eh?)



y al final del club, aún en la autopista, con los autos, los carteles, la velocidad, el viento, la oscuridad, las paredes, vemos una reja. una cerca coronada con alambres de púa. Y ovejas que al saltar dejan de serlo. ovejas que al tirar la cerca abajo, dejan de serlo.



y entonces un chico te sostiene la mano y saltas la reja.



y estás adentro.



más cerca que lejos.



y la música, omnipresente, se respira.



y entonces, en medio de ese campo, otrora canchita de fútbol, con el pasto crecido, con tu altura hecha pasto alto, con la visión reducida, corres, bailás. bailamos.



está muy oscuro y no se sabe que va a pasar. a donde vas a terminar. a donde vamos a terminar, y en mano de quienes y hay peligro, y hay linternas, y hay gritos. y estamos adentro, nos escondemos, buscamos el mejor camino, está oscuro y la música omnipresente.



la música en el aire.



y finalmente la luz



la luz de las pantallas de televisión elevadas a quien sabe la millonésima potencia y la espectacularidad y la gente regocijándose en la espectacularidad del evento que tanto, hay que hacer valer el dinero.


y la música más fuerte. más alta. y las luces más fuertes, más altas.



y sólo se te ocurre pensar, que mecánico, que frío, que exacto.



al final, no valía lo que costaba.



pero el baile, es el baile.


ES.