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viernes, 1 de abril de 2011

13 de julio /// berlin - - - hamburgo

Una especie de culpa, de sentimiento de día perdido, se hizo presente durante la última cerveza del domingo con Lucy and Dreu. A fin de cuentas, nos habíamos pasado el día deambulando por ahí, haciendo lo que llamábamos "perder el tiempo", en lugar de disfrutar de las maravillas turrísticas que Berlin podía llegar a ofrecernos, aunque si lo pienso bien, supongo que no eran mucho más importantes que discutir determinados asuntos que ocurrían mucho más adentro en aquella ciudad.

Así que antes de ir a dormir, en el bar, luego de que les contara sobre ese pibe italoalemán que me estaba haciendo flashear y ellas me dieran todas las opiniones que podían llegar a darme, nos prometimos mutuamente tener un tourist day en la ciudad, es decir, visitar todos los lugares que consideremos de interés viajante antes de partir hacia Hamburgo lo antes posible.

Nos levantamos hacia las diez de la mañana y antes de hacer nada, salí a buscar un teléfono en el cuál pudiera llamar a Théo.
Sonreí durante todo el tiempo que duró la breve conversación teléfonica en la cuál me decía que vaya en cualquier momento. Le pregunté si llegar a la noche estaba bien (entre Hamburgo y Berlin hay cerca de tres horas de distancia) y me dijo que sí. De hecho, me avisó que a las siete, había un micro que salía directamente para allá.

Volví a la casa y emprendimos las últimas horas berlinesas.

Montamos en el u.bahn ( o s.bahn, ya no lo recuerdo ) y fuimos hacia el centro.

La primera parada fue en el parlamento: un enorme, sofisticado y complejo edificio montado en el medio de una porción, más gigante aún, de pasto, verde, casi fluorescente. Y un montón de turistas sentados en la hierba, sacando fotos, siendo nosotras.

Desde ahí, fuímos a la Puerta de Brandenburgo, ese lugar que había intentado visitar el viernes pero que la lluvía hizo imposible.

El sol se alzaba sobre nuestras cabezas, pero era ese tipo de clima en el cuales un extraño viento frío arruina todo y hace querer ponerse el saco para luego pasar por una vereda super acalorada y sudar lo suficiente como para sacárselo.

Muchos años atrás había visto "las alas del deseo", esa película de Wim Wenders ambientada en Berlin. Y rápidamente, mientras salíamos de las inmediaciones de la Brandenburg Tor, divisé el angel dorado a lo lejos, al final de una avenida.

Les dije a las chicas que quería ir allí y, una vez comenzada la peregrinación, nos dimos cuenta de que la avenida era muy larga y que el sol estaba elevándose y brillando demasiado. Así que a medio camino, dimos la vuelta y emprendimos el regreso para poder ir a nuestra próxima parada: un lugar de sumo interés histórico (especialmente para mí ha-ha), el Hotel Adlon Kempinski, ese edificio lleno de ventanas desde donde Michael Jackson, años atrás, casi tira a su recién nacido hijo al vacío para alimentar a sus fans.


Una vez Dreu nos hubo contado los detalles más frívolos posibles sobre el hotel y el incidente, satisfechas, decidimos tomarnos un poco más en serio la historia alemana y nos dirigimos hacia el Holocaust Memorial, que es básicamente un terreno ( en Berlin todo es sumamente espacioso ) en el que muchos (pero muchos) pilares de cemento de diferentes alturas se erigen, conformando una especie de laberinto gris y sombrío en las partes donde no hay turistas sacándose fotos.

Desde allí, Checkpoint Charlie, el paso fronterizo y más turistas y más fotos.

Y entonces, cuando uno miraba el piso, la huella visible de lo que quedaba del muro de Berlin en forma de sendero de piedras fijadas en el piso, marcando un límite imperceptible para el caminante habitual, pero notorio para el visitante quizás, se extendía bajo nuestras pisadas.

Quizás no son demasiados lugares cuando se los enumera de ésta forma, pero lo cierto era que tanto caminar y recorrer nos habían llevado hacia las dos de la tarde y había que comer algo en algún lugar.

Lucy era vegetariana, así que elegimos un pequeño deli donde se compró un sandwich de algo sin carne y Dreu y yo también elegimos algo del no demasiado variado menú.

El bus hacia Hamburgo salía a las siete de la tarde así que, de acuerdo con mi plan, tenía que estar en la casa cerca de las cuatro y media para armar el equipaje, despedirme de Paul y Michael y partir con tiempo de encontrar pasaje a la estación central.

Así que durante el almuerzo, horas antes de partir, me animé a consultar a las muchachas sobre algo que me rondaba en la cabeza desde los primeros instantes: la extraña relación de Michael y Paul, que se trataban de honey y se decían cosas lindas todo el tiempo.

Dreu intentó esbozar una idea, pero entonces Lucy la interrumpió al decir tajantemente que para ella sencillamente eran muy buenos amigos que se querían y todo eso. Y aparte, añadió Dreu, estaba esa exnovia de Michael que vimos el día anterior.

Me sentí un poco conventillera, pero lo cierto es que probablemente no vuelva a ver a esa gente en mi vida, así que sacarme esa estúpida duda tercermundista no estuvo mal del todo.

Así que finalizado el almuerzo fuimos al museum island a tirarnos en el parque ya que una hora y media definitivamente no era suficiente para recorrer ningún tipo de museo, salvo el del zapato en Northampton.

Tiradas ahí hablábamos sobre varias nimiedades más cuando a un costado de la catedral, vi la segunda TV Tower. Me tomé eso como un buen augurio de amor y felicidad y, hacia las tres y algo pasadas de la tarde, pedí a las chicas que me acompañasen a la estación de subte en la cuál tomar el tren que me lleve de regreso a la casa y de allí al hogar que reinaba en mi corazón, en hamburgo.

Las horas corrían y sencillamente era una cuestión de dar pasos: llegar a la casa, tocar el timbre.

Michael en la cocina y mi equipaje en la habitación.

Guardé todo en la mochila, puse los regalos para Théo en una bolsa azul y lista, fui a despedirme de Michael ya que Paul no estaba.

Le dejé mis saludos más cariñosos, y salí del edificio, sólo para regresar porque me dí cuenta de que había dejado la toalla en el baño.

Salí de nuevo.

Y la estación de bus de Berlin. Un boleto hacia Hamburgo. Sale en media hora.

Para mi sorpresa, el bus iba casi vacío. Atrás mío, una mujer hablaba en español por celular.

Me pasé todo el rato escuchando la conversación, la mujer era una devota creyente y discutía, teléfono celular y muchos minutos libres seguro, sobre sí dios realmente perdona a quien se arrepiente de corazón. Y dicen que el dios de los católicos es el dios de las segundas oportunidades, así que quien sabe.



Tres horas y algo después, llegué a la estación central de Hamburgo, tan familiar, tan cercano, y por la ventana, al anochecer, con su bolsa de las compras al hombro, divisé a Théo, que miraba atento sin darse cuenta de que era observado.

Bajé del autobus y un beso que duró mucho tiempo. Extraña añoranza y vamos para casa.

En el camino, me dijo que al llegar, chequée el cubrecamas.

Entramos a la casa, saludé a los gatos, mish mish

Y al tirarme en la cama, me di cuenta de que estaba acostada sobre decenas de corazones que formaban el estampado del acolchado.

Me sentí querida y añorada, jóven y hermosa. Feliz.



miércoles, 7 de julio de 2010

7 de julio /// northampton --- londres


Entonces me levanté temprano, me bañé, armé la mochila y nos fuimos todos juntos.



Se había hecho un poco tarde, así que Adam llamó un taxi. Me despedí de Mary y con Nathan salimos para el centro.


Nathan tenía que ir a buscar a su hermano a la estación, así que podía acompañarme a tomar el bus a Londres.


Me despedí de Adam en la puerta de su trabajo y lamenté que no pueda venir conmigo a Amsterdam.


Seis meses después, Adam se mudaría a un apartamento para vivir solo. Al día de la fecha seguimos hablando (vía msn) y su próxima aventura, me contó, es ir hacia el este. Viajar mucho y no volver if possible al pueblo. Realmente desearía volver a verlo. De Nathan y Mary no supe más nada.


Antes de partir, fuimos a un lugar donde todo salía 1 pound. Compré un libro para Thurston, llamado “Postman Pat”. Era un libro para niños, pero como en uno de nuestros paseos por Hamburgo él había mencionado que le gustaban ese tipo de cosas, pensé que se pondría feliz al recibirlo. También compré lápices de colores para la persona que me hospedara en mi próximo destino.


Y si bien habían pasado pocos días desde que dejara Hamburgo, realmente extrañaba a Théo. La mayoría del tiempo intentaba retener lo que veía para luego contárselo. Habíamos estado juntos menos días de los que yo había pasado afuera, pero de todas formas añoraba su presencia.


Así que decidí pasar en Amsterdam tantos días como me vinieran en gana para luego volver a Hamburgo y recién después ir a Berlin y Paris.


En el camino a la estación de bus, Nathan se rió del hecho de que iba a viajar a Londres en pijamas. Y es que era así como me sentía, como para usar pijamas todo el tiempo.


Así que me subí al bus, agité la mano por la ventanilla y Londres here i go again.


Al llegar a la ciudad, el panorama no había cambiado demasiado. El clima estaba horrible y la llovizna se cernía sobre Londres. Hacía calor, hacía frío, había viento. Era un clima realmente desagradable e impreciso.


Dejé la mochila en el guarda-equipaje de la estación y salí una vez más. A las ocho tenía que estar de vuelta ya que el bus a Amsterdam salía a las diez de la noche.


El itinerario era bus, ferry cruzando el mar, bus. El viaje iba a durar toda la noche así que me convenía estar cansada para poder dormir allí.
Salí de la estación y pasé por una feria de antigüedades. Y una vez más, intenté ir a la National Portrait Gallery pero, aparte de la lluvia, ocurrió algo que no estaba en mis planes.


En el camino al museo, casi todas las inmediaciones estaban cercadas y llenas de gente: era el estreno londinense de la nueva película de Harry Potter y los fans se multiplicaban como Gremlins bajo el agua. Dónde sea que intentara ir, ellos estaban ahí, esperando a los protagonistas de la película.


Tuve que dar una vuelta completamente innecesaria para poder entrar al museo.


La National Portrait Gallery, es como su nombre lo indica, un museo cuyo contenido son exclusivamente retratos. Retratos de las familias reales, de políticos importantes, de famosos, mucho óleo, algo de fotografía y un recorrido cuidadosamente programado. Una delicia de museo.


Hacia las seis de la tarde el museo cerró sus puertas y me tuve que ir. En el diario había leído que el museo de cera Madame Tussaud’s había sacado al Michael Jackson de mentira a la calle para que los fans lo visiten, así que fui en esa dirección con la idea de sacar fotos y todo lo que ñoñería de turista implica.


Después de mucho caminar, llegué. Y así como llegué, tuve que dar media vuelta e irme: el museo estaba cerrado. f u c k .


Así que seguí dando vueltas, en lo posible por lugares donde no hubiera estado, y hacia las siete de la tarde, partí hacia Victoria Station. Ámsterdam me esperaba.


En el camino me compré una gigante galleta inglesa con chips de chocolate. Théo tenía razón, estaban muy buenas.


martes, 6 de julio de 2010

6 de julio /// northampton

La relación con Adam, mi host, no podía ser mejor. Y era raro ya que apenas dos días antes éramos unos completos desconocidos que sólo se habían mandado un puñado de mails. Pero bueno, en Northampton no había demasiado que hacer así que nos la pasamos conversando en un inglés que sospecho, él se esforzaba por hacer comprensible para mí, y en base a eso, hasta llegamos a fantasear con la posibilidad de ver a Mars Volta juntos en Ámsterdam.


La mañana del lunes fue digna de la vida de vacaciones. Estaba total y absolutamente gris y ventoso y las nubes amenazaban con la lluvia que no tardaría demasiado en llegar. Nos levantamos y fuimos a la habitación de Nathan. Mary y los demás se habían ido a trabajar, así que la casa estaba sola.


El día estaba horriblemente gris, gris de esa forma en la que describen el Reino Unido, gris.


Nathan estaba tirado en su cama mirando televisión. Daban el Gran Hermano y aparentemente estaba obsesionado con ese programa.


Jugamos a los jueguitos en el living, después pusimos música y hacia las dos de la tarde cuando la lluvia se largó y era obvio que no íbamos a salir de la casa excepto para buscar comida, Nathan se puso a armar el primer porro del día.


Era una vida estupenda: amigos, drogas, música, jueguitos y pijamas todo el día. Podría haberme quedado así para siempre si no fuera porque algo me decía que aunque me merecía ese descanso en el viaje, tenía que ser eso, una pausa. Europa estaba a la vuelta de la esquina y no podía permitirme que el tiempo se me pase fumando marihuana y mirando Gran Hermano.


Mientras tanto seguía recibiendo mails y buscando morada en Amsterdam.



me miss you too, especially today because its day of the kiss. realy!
so how are you?
im a bit sad because a good old frind of mine is realy depressiv
to time and it fucks up...
and you not here.
bad time i think!

of course isnt the bike a big one.
i think i could fit to you!
and i know that you like stoner. lets go there and see whats goinig on.

so how long did you plan to stay in hamburg this time?

did you noticed that ugly, phat britsh girls i told you?
no wonder that you got sick of the city...

now work!
enjoy northhampton. is there a beach to like in southhampton?

kiss
théo



Llegaría a Amsterdam el miércoles al mediodía y aún no sabía donde iba a quedarme. Envié varios mails y todo parecía indicar que terminaría visitando a un chico llamado Julian.


Y entonces la tarde con Adam y Nathan. Un, dos, tres, porros


Hacia las cinco de la tarde Adam dijo:


-please stay, we don’t need a lot, just you and weed.

-ok, i’ll stay with you, but you have to marry me and provide me the drugs


-we’ll both marry you!- Dijeron al unísono.

Fue gracioso y lindo. Realmente sentía que les caía bien, así que dimos el siguiente paso: hacer bromas telefónicas



Estábamos totalmente colocados y Nathan trajo el teléfono inalámbrico: empezó a marcar, a llamar, a hacer voces graciosas y a molestar a la gente.


Y entonces me llegó mi turno. Adam había marcado un número al azar, y cuando atendieron, resultó ser una mujer que hablaba español. No me acuerdo que fue lo que dije, pero todos nos reímos mucho.



Sí, ya sé que tener 25 años y hacer esas cosas luce más bien patético, pero en ese día gris, era una estupenda forma de reírnos y divertirnos. Genial.


Para las seis y media de la tarde estábamos totalmente fulminados, así que todos juntos en la cama grande de Nathan, nos dormimos una siesta.



Al levantarnos Mary ya había vuelto y tenía que hacer cosas, así que no nos prestó demasiada atención.



Durante la cena, anuncié que me iría a la mañana siguiente a Londres.


Adam se puso un poco triste, pero no podía permitirme pasar otro día así. Era divertido, pero no era lo que estaba buscando. Irme temprano me iba a dar la posibilidad de caminar un poco más por Londres, antes de partir hacia Amsterdam, y eso era lo que quería hacer. Conocer más.


Así que jugamos nuestro último karaoke y nos fuimos a dormir.


Había sido un día raro. Infantil, feliz y raro. Y melancólico por que era el último allí.

lunes, 5 de julio de 2010

5 de julio /// northampton

Hacia las once de la mañana, Nathan vino a despertarme. El plan era pasear con él y Mary por el pueblo para después ir a buscar a Adam a la salida del trabajo.


Adam y Mary tenían la misma edad que yo. Adam era rubio, alto, simpático. Había viajado por Asia el año anterior con su novia pero ahora estaba soltero. Mary era muy simpática y lucía muy inglesa, ojos claros, regordeta, sonriente. Nathan tenía 23 años y lucía como un rapero pandillero atrapado en un pueblo que le quedaba algo chico.


Era un domingo soleado y las calles estaban semivacías. Adam trabajaba en una tienda donde
se vendía y compraba de todo: libros, discos, equipos de audio, televisores, instrumentos musicales, dvds, etc. Estaba abierto hasta la una del mediodía, así que teníamos que hacer tiempo.


Compramos bagels y juguitos (Nathan compró café) y fuimos al museo del zapato de Northampton. Básicamente, el museo del zapato es una representación de lo que Northampton significa en el folclore del Reino Unido.


Y mientras que la cosmopolita y llena de gente Londres se encontraba a pocas horas de dónde estaba ahora, por algún motivo que no podía saber muy bien, esa mañana de domingo me sentía mucho más feliz en ese sencillo pueblo en el que no pasaba nada de nada.



El museo del zapato era un edificio relativamente moderno y tenebroso. Las únicas personas ahí esa mañana éramos nosotros tres y la recepcionista que leía el diario sin demostrar demasiado interés por lo que pudiera ocurrir.


En las primeras salas, a través de maniquíes representativos que tenían que parecer personas (pero en realidad eran objeto de pesadilla) se podía ver como era la vida en la antigüedad y como eran los primeros zapateros; también se describía el proceso de hacer un zapato, sus partes, los pasos a seguir en la fabricación, etc.


En el resto del museo y divididos por épocas, había una gran colección de zapatos en exposición. Había zapatos antiguos, zapatos famosos, zapatos típicos, etc. Recuerdo haberme sorprendido de ver el par de zapatos con plataformas diseñado por Vivienne Westwood que hiciera caer a Naomi Campbell en un desfile. También había zapatos extravagantes que habían pertenecido a Elton John y otras celebridades (no hay que olvidar que Inglaterra es la cuna del Glam Rock). Faltaban los zapatos rojos de Dorothy nomás. En la parte interactiva del lugar, una montaña de zapatos para probarse y jugar (a qué, no sé).


En una de las salas, completamente ajeno al contenido del museo, había un retrato de Alan Moore pintado por los estudiantes de no sé donde a modo de homenaje al residente más famoso del pueblo.



Salimos y fuimos a buscar a Adam.


En el camino, Mary y Nathan me contaron lo que pasó esa madrugada: A las 5 de la mañana tocaron el timbre y Mary fue a atender. Era alguien que decía que era el novio de Ashleigh y que la estaba buscando. El chico estaba completamente borracho pero ante su insistencia, Mary lo dejó pasar. Entonces, sin perder tiempo, el muchacho subió y se metió en la cama de Ash, que dormía. Cuando la chica se dio cuenta, empezó a echarlo, a decirle que se vaya a su casa y que ella no era su novia.

El chico se iba quedando dormido y a la vez se negaba a irse. Entonces, pasó lo peor: de tan borracho se meó en la cama. Por supuesto que después de eso el pibe se fue y Ashleigh tuvo que cambiar las sábanas a las seis de la mañana.


Si bien Nathan, Adam y Mary me caían maravillosamente bien, teníamos un único problema entre nosotros. Porque sí yo pensaba que el acento en Londres era cerrado, nada me hubiera podido preparar para las formas de hablar inglés de estos chicos. Y no sé sí ellos lo sabían del todo pero yo no quería ser descortés y me molestaba pedirles que repitan todo, todo el tiempo. Pero bueno, realmente quería entender de que iba la historia de Ash, así que hasta que Adam salió de la tienda, ellos se dedicaron a explicarme lo que pasó. Realmente me costó entender y creer la parte en la cuál el borracho se hacía pis encima.


Una vez que Adam estuvo fuera del trabajo, fuimos a la tienda de comics del pueblo a averiguar cosas sobre Alan Moore.



En la comiquería se podía encontrar ediciones de todo tipo del trabajo del escritor. Compré su novela, (the voice of fire) que no había podido encontrar en ningún lugar y al charlar con el hombre que atendía, éste nos contó que todo el tiempo llegan fanáticos que preguntan dónde vive el señor Moore, que piensan que simplemente pueden llegar y tocar el timbre, que Alan los va a invitar con masitas y té, cuando en realidad eso es algo muy molesto. Por eso, siguió explicando, se suele organizar firmas de ejemplares en determinadas fechas en el lugar, para que los fans (los de los comics pueden ser bastante tediosos) lo conozcan y no lo molesten en su vida cotidiana



Ante este panorama, como no quería quedar como una loca, desistí completamente de mi idea original. Pagué el libro y nos fuimos a seguir el paseo dominical.


Mary se había mudado hace poco a la casa y todavía tenía que sacar basura de su residencia anterior. Así que fuimos hacia allí. Llegamos y estaba cerrado con llave. El lugar tenía dos puertas: la primera que era como una pared y detrás, la casa en sí. En el medio había un patiecito. Mary no tenía llaves, pero sabía que había un juego de copias debajo de la alfombra que estaba en la puerta de la segunda puerta, así que Adam, saltó la pared y abrió desde adentro. Entre todos sacamos como diez bolsas de basura y la vecina de enfrente miraba raro pero no dijo nada.


Finalmente volvimos al hogar y después de fumar porro y ver fotos en la computadora, nos fuimos a dormir la siesta. Que otra cosa se podía hacer un domingo en un pueblo así. Yo aproveché para chequear los mails


i can tell you: i hate media-jobs.
i travel to berlin and when i arrived they told me
that everything is cancled in cause of something.
fuck. now i m back just with the travel-cost they payed me.

but i lent a bike for you.
perhaps its makeing a trip to the museum
a bit easier....

so do you already know when will arrive?
(on friday an old friend of my brother and me
will play a gig here in hamburg in my favorit club,
he plays some kind of stoner rock. perhaps we will see
it, if you like)

kuss
théo



Al anochecer nos levantamos y fuimos a hacer las compras para la cena. Cociné pasta para todos y más tarde vimos la película de Matt Damon y Greg Kinnear en la que ellos son hermanos siameses y se hacen amigos de Cher. Me quedé dormida en el sillón y el domingo se quedó ahí.

sábado, 3 de julio de 2010

4 de julio /// londres --- northampton


Abrir los ojos y ver que la cama de Simon estaba intacta era un claro indicio de que no había venido a dormir. Era la mañana de mi tercer día en Londres y no tenía idea de sí mis amigos estaban ahí, sí podría encontrar hospedaje, sí alguna vez el gentío desaparecería. No tenía idea de nada y eran apenas las diez de la mañana.

Así que me levanté y le pregunté al roomate brasileño sí acaso había algún tren que me lleve a Northampton. Me dijo que no sabía, pero que si había alguno, seguro me podían decir en la estación Liverpool, que no estaba muy lejos de ahí.

Northampton es un pueblo que está a dos o tres horas de Londres. Es un lugar famoso por ser la capital inglesa de los zapatos (y el oficio de zapatero) y sobre todo, por ser el pueblo en el que vive Alan Moore, guionista de comics como Watchmen, V for Vendetta y From Hell.

Alan Moore representa de alguna manera la voz de un gran afán de despertar colectivo y siempre intenta decir algo nuevo respecto de las cosas que ya se conocen muy bien.

Muchas cosas se dicen sobre el célebre escritor: que vive con dos esposas, que fue apresado a los 16 años por vender lsd a sus compañeros de escuela, que se dedica a la brujería, que cuando cumplió 40 ó 50 (no me acuerdo bien) años se volvió completamente loco, etc., etc., etc.

Así que cuando empecé a planear el viaje, busqué personas que vivieran en ese pueblo, que conocieran a Alan Moore y que me ayudaran a encontrarlo.

Mi sueño era regalarle un gigante ramo de flores, pero en vez de eso, conocí a Adam, un fanático de los comics y la música.

Adam me dijo que vivía a pocas cuadras de la casa del señor Moore, que a veces lo cruzaba en el almacén y me dijo que quizás podríamos verlo por la calle.

Así que después de algunos meses intercambiando mails, finalmente iba a conocer a Adam. Sólo que a las once de la mañana no lo sabía del todo.

Salí a la calle y fui directo a Liverpool Station. Aún no sabía si quedarme o irme de la ciudad, pero cada día era una aventura nueva y estar sola me habilitaba para hacer absolutamente lo que me viniera en gana.

Era sábado y el tercer día en casa de Simon. De algo estaba segura: no podía haber un cuarto día allí.

Paseé por la estación hasta que llegué a las boleterías. Allí me dijeron que no había tren a Northampton pero si bus y que salía de Victoria Station.
Así que me tomé el subte a Victoria y en el trayecto empecé a pensar en mis próximos movimientos.

De acuerdo al itinerario de bandas que tracé antes de partir, The Mars Volta tocaba en Amsterdam el miércoles 8 de julio. Mi intención era ir a ese concierto, así que debía planear mi visita a Northampton y el resto de los días en Londres con el fin de poder llegar a tiempo para ver a la banda de Cedric y Omar. También tenía que planear mi regreso a Hamburgo.

Una vez en Victoria Station averigüe los itinerarios y, dado que la perspectiva de pasar el sábado a la noche sola en Londres no me caía bien en absoluto, saqué un pasaje para ir a Northampton ese mismo día, a las seis de la tarde. Y compré otro pasaje para salir a Amsterdam el martes 7 de julio a la noche, desde Londres.

Lo que haría en el medio, no lo sabía. Quizás me quedaba uno o dos días en Northampton y después seguía en Londres un día más. Pero eso lo iba a decidir en base a como me sienta estando en ese pueblo del cual no tenía la más pálida idea de lo que tenía que esperar.

Así que con los pasajes comprados, me dispuse a disfrutar de, por el momento, mi última tarde en Londres. El día estaba soleado, así que fui a Westminster Abbey a ver el Big Ben.

Era sábado a la mañana y como era de esperar, los alrededores estaban llenos de gente. Los autobuses rojos anticipaban los estrenos de la nueva película de Harry Potter y de Brüno, la comedia de Sacha Baron-Cohen.

En la puerta de una de las iglesias cercanas, una joven pareja oriental se sacaba fotos con sus atuendos de novia y novio. Los dos vestidos de blanco, lucían muy felices.

Tengo la teoría de que la única forma de conocer un lugar, de descubrirlo y de llegar a él, es caminando; nada de tours ni cosas por el estilo.

Así que me compré una leche chocolatada y seguí en lo mío.

Con la intención de hacer una visita express a la National Portrait Gallery, me dirigí hacia la zona de Trafalgar Square. En el camino, me metí en varias cabinas telefónicas para agenciarme unos flyers tamaño postal con fotos a todo color promocionando diferentes variantes de prostitutas. Era muy gracioso que junto a la foto, una especie de slogan realzaba la particularidad de la mujer en venta. Si era un chinita raquítica con cara sexy, el cartelito rezaba “oriental model”, si era una gigante mujer negra, decía “Black mama”, si era una rubia rellenita y tetona, decía “busty blonde” y así. La verdad es que había para todos los gustos y pensé en regalarle algunas a Théo a modo de chiste y souvenir.

La gente en las inmediaciones tenía atuendos demasiado extravagantes y era un poco difícil de comprender, pero al llegar a Trafalgar Square entendí todo: era la celebración del día del orgullo gay y en la plaza habían instalado un escenario.

Estaba lleno de personas: militantes, disfrazados, curiosos, hados rosados, leñadoras, turistas, residentes y yo lamentando haberme quedado sin película en la cámara de fotos.

Estuve deambulando por ahí un rato hasta que las cuatro de la tarde llegaron y decidí ir a casa de Simon a buscar mi equipaje y a avisar que me iba.

Llegué, empaqué y salimos juntos hacia el underground. Ante mi relato de lo pintoresco de la marcha-celebración, Simon decidió ir a la marcha con uno de sus flatmates. Yo fui a Victoria Station.

Nos despedimos y recién volví a ver a Simon once meses después, en el cumpleaños de nuestro amigo Fede.

Las seis de la tarde y subir al bus. Al llegar a Northampton tendría que buscar un Internet café porque el número telefónico de Adam estaba en mi cuenta de mail y no lo había anotado.

Llegué a Northampton hacia las siete y media de la tarde. A diferencia de Londres, parecía un pueblo fantasma. Todavía alumbraba el sol pero la estación estaba desierta y al salir a la calle el panorama no era demasiado diferente.

Caminé y la mayoría de las tiendas estaban cerradas. Cuando finalmente logré encontrar algunas personas, les pregunté donde encontrar un Internet café. Me indicaron varias direcciones pero también me advirtieron que posiblemente estaría cerrado cualquier lugar al que quisiera ir.

Efectivamente, al llegar, los lugares estaban cerrados. Así que para no dormir esa noche en la calle, tuve que apelar a mi inteligencia y preguntarme que lugar podría estar abierto, tener Internet y teléfono y proveérmelos.

-Eureka! Un hotel!

Pregunté donde podía haber un hotel, y hacia allí me dirigí. Con la mochila encima, todo era más lento y tedioso, pero finalmente llegué y expliqué mi situación, me dijeron que seguro podía usar la computadora, pero que salía 4 libras los quince minutos.

-Four pounds! ( 25 pesos ) Fifteen minutes! Ok.

Me conecté, busqué el número y llamé a Adam.

Me dijo que me iba a buscar, pero después me dijo que mejor me iba a mandar un taxi.

Mientras esperaba el taxi, me puse a hojear el programa de actividades teatrales de Northampton. Me sorprendí de que estuvieran representando Evita (la caracterización de los actores como Eva Duarte y el Che era un poco demasiado bizarra) pero más me sorprendió aún la temática de un musical llamado “Joseph and the Amazing Technicolor Dreamcoat” de la factoría TimRice-AndrewLloydWebber. Según el resumen, el musical estaba basado en la historia José, ese tipo de la biblia que tenía sueños y después se los contaba al faraón. Lo gracioso era que absolutamente todo era muy demasiado GAY. O sea, biblia + homosexualidad, y sí alguien viera la cara de ese José, pensaría más en una loca desatada y feliz que en un torturado héroe bíblico.

El taxi llegó y de repente estaba en un Mercedes Benz. Es increíble como en situaciones así, donde todo parece perdido, la suerte cambia y las perspectivas también.

Al llegar a casa de Adam, me encontré con que estaban haciendo una fiesta o más bien una previa, ya que cuando la noche cayera, el plan era irse al centro del pueblo a parrandear.

Así que, de la soledad absoluta en la multitud de Londres, en cuestión de horas, pasé a estar rodeada de amigos instantáneos en un pueblo solitario.

Tenían mucha marihuana y alcohol. Había llegado al lugar indicado!

Adam vivía con 3 chicos y 2 chicas en esa casa de dos pisos que alguna vez fuera familiar. Y ahora tan juvenil.

Mary se había mudado hace poco y no estaba familiarizada con sus flatmates, Ashleigh estaba con sus amigas y por algún motivo tenían atuendos de colegiala sexy. Nathan era muy gracioso, cool y fumanchero y a los otros dos no llegué a conocerlos al punto que no recuerdo sus nombres.

Adam trabajaba en una tienda y al día siguiente tenía que levantarse temprano a pesar de que era domingo, su día libre era el lunes. Por ese motivo, cuando le pregunté por los planes para esa noche, me dijo que él no iba a ir al centro. Mary tampoco iba porque no tenía ganas y Nathan estaba dudando.

Finalmente se hizo tarde y los parranderos se fueron y la casa quedó sola. Los que nos quedamos (Nathan finalmente se quedó) fuimos a buscar algo de comida rápida y la noche transcurrió jugando al karaoke en la Xbox que tenían en el living.

Adoro cuando las cosas se dan vuelta tan repentinamente. Me sentía bien, todos eran amables conmigo, y bueno, eso me hacía sentir feliz.

Así que el día terminó en el sillón de Adam.