jueves, 1 de julio de 2010

2 de julio /// Londres

Me había tocado dormir en la cama de arriba y cuando abrí los ojos me di cuenta de lo pequeña que era la habitación del hostel para el precio que había pagado por ella.



Mientras intentaba incorporarme al mundo, Becky guardaba su ropa en el bolso: su amiga que vive en Londres la había ido a buscar. Me dijo que bajaba a desayunar y que luego se iba. Le pedí que por favor me deje la llave de la habitación antes de irse, ya que una vez afuera no tenía forma de volver a entrar. La llave era una tarjeta.



Me vestí, bajé a desayunar y a chequear los mails.



Para acceder a Internet, había que comprar una tarjeta en la recepción. El hostel era todo angosto y estaba lleno de gente que parecía conocerse entre sí. Me sentí una verdadera extraña.



Abrí la cuenta de correo y encontré dos mails:



Estaba en Londres y no tenía alojamiento. Los hostels eran demasiado caros. Había estado escribiendo a varias personas del couchsurfing pero nadie me dio una respuesta que favoreciera mi situación.



La única esperanza residía en la posibilidad de quedarme con un amigo de mi amigo Fede, que estaba viviendo en Londres en ese momento.



Afortunadamente uno de esos mails era de Fede pasándome la dirección de mail de su amigo Simon. Rápidamente le escribí unas líneas contándole sobre mi situación. Me respondió a los pocos minutos dándome su número de teléfono. Lucky Me.



Siguiente mail:



hey johan-,

i hope that you had a good travel to london....

i really enjoyed the last days with you, so im looking

forward to see you again. i will try to get some holidays

at my job that i can spend more time with you.

perhaps you will see a museum than.

so please please tell when you come back and

where i can pick you up to carry your backpack!

enjoy everthing and take care!

see you soon,

théo



Rápidamente respondí que tendríamos que ponernos nuestras mejores ropas y salir a pasear, al museo o a dónde sea. Me fui al salón comedor.



La televisión estaba a todo volumen y la gente hablaba como si tuviera la boca llena de comida aunque no fuera así. Todo el inglés que había aprendido a lo largo de años de instituto no me había preparado para lo cerrado del acento.



En la cocina, muchos jóvenes lavaban y agarraban tazas, se servían café, untaban manteca en pan tostado, charlaban, reían, miraban.



Mientras desayunaba, noté que Becky no venía a darme la llave y mis cosas estaban en la habitación. Terminé, di unas vueltas buscándola y llegué a la conclusión de que se había ido y ya.



Pedí las llaves en recepción y subí a buscar la mochila. Guardé lo poco que había desempacado, me cargué y me fui.



Al salir a la calle, el sol pegaba fuerte. Busqué un lugar dónde hablar por teléfono. Con mi mochila que tenía casi las mismas dimensiones que yo, logré entrar a un locutorio o algo así.



¡Estaba en Londres! Pero no tenía idea de dónde estaba yo.



Llamé a Simón sin conseguir dar con él. Me conecté de nuevo, intercambiamos algunos mails y finalmente me pasó la dirección de su casa.



Busqué la estación de subte, o underground, más cercana y una vez allí, emprendí varios intentos para averiguar como funcionaba el sistema de transporte público.



Lo primero que hice fue buscar la casilla de información. Como la mochila pesaba mucho y estorbaba aún más, desistí de hacer la fila. Fui hacia los molinetes, pero no terminé de entender cómo es el asunto, así que intenté regresar a la ventanilla de información, pero de repente, de la nada, aparecieron como 20 chinos con cámaras de foto y se pusieron todos adelante mío en la fila.



Regresé a los molinetes con la intención de hablar con algún guarda de seguridad, pero una mujer, ante mi desconcierto y cara de perrito mojado, me interceptó y me dio un boleto. No entendí demasiado lo que pasaba, pero pasé el boleto por la ranura del molinete y listo, ya estaba adentro.



Era un one day ticket. Simón me diría más tarde que ese boleto sirve para hacer todos los viajes que quiera a lo largo de la jornada.



Y entonces, el subterráneo londinense. Mis auriculares largaban algo de Badly Drawn Boy, Something to Talk About. Escuché la canción en repeat constante y me dije a mi misma que en el futuro, cuando escuche esa canción, automáticamente iba a pensar en Londres y a regresar a esa situación.



Me bajé en la estación Aldgate East. Una vez en la calle, caminé unos metros y me metí en un local de comidas para preguntar por la calle que estaba buscando. El hombre que atendía me indicó cómo llegar (realmente era muy fácil) y al terminar me dijo:



One pound



Lo miré con cara de desconcierto y él y su compañero empezaron a reirse.



Llegué a casa de Simón. Al bajar a abrir, me encontré con un muchacho alto y muy quemado por el sol. Me sentí feliz de hablar en castellano, en porteño finalmente, con alguien.



Hablamos sobre Londres, Douglas Coupland, el viaje, nuestro amigo Fede, sobre como se quemó con el sol cuando se quedó dormido en el parque y mientras tanto me cocinó unos fideos.



Más tarde llegó su compañera de piso, una chica alta de ojos claros, pelo largo, portuguesa, actriz y vestida de verano. Acababa de recibir por correo Maus, el comic de Art Spiegelman, y mientras lo hojeaba nos contó que como estaba haciendo una obra sobre el holocausto, trataba de leer material sobre el tema.



Se fue de la cocina y nosotros salimos a dar una vuelta y a sacar fotos.



La disquería cool del barrio se llama Rough Trade, allí, miramos discos, y, prestándole atención a todo, intento retener en mi mente todo lo que veo.



Los altares para Michael Jackson seguían multiplicándose por ahí, y yo, lamentando lo sucedido.



Nos metemos en una de las diversas tiendas de ropa usada y para mi sorpresa, no es barato en absoluto.



El vecindario donde vive Simon, se llama Aldgate East. Está lleno de inmigrantes indios, pero también hay tiendas de discos, galerías de arte y en las paredes sin ir más lejos, el arte emana en forma de murales con todo tipo de imágenes y técnicas que van desde el stencil, pasando por el collage y terminando en el rasqueteado de paredes a fin de formar una imagen.



Después de caminar un rato, Simon decide volver a su casa y yo me voy al mercado de Camden. Quedamos para vernos más tarde e ir al recital de Blur.



El Camden market está dividido en tres partes: en la primera, venden ropa, y está lleno de puestos con percheros. La ropa se repite y el precio varía depende el puesto.



En una de las perchas veo un vestido que me gusta: pregunto el precio y el tipo me dice algo muy elevado para el presupuesto que manejo. Aunque hago un ademán que indica que no estoy interesada, el hombre empieza a sacar el vestido y a meterlo en una bolsa. Le digo que no lo quiero y de una forma algo agresiva, me dice en un inglés que apenas logro entender


-¿y entonces para qué me preguntas?


Me voy.



La segunda parte del mercado es un predio lleno de casitas de madera que hacen las veces de negocios. Ahí venden de todo, hay muchos asiáticos y nadie avisó que la moda raver terminó hace algunos años (por lo menos para mí).



En algunos puestos los empleados son esos punks que siempre se ven en las fotos que aluden a Londres, exagerados, raros, comunes.



Las remeras y accesorios de un tal Ed Hardy están de moda y las imitaciones se repiten por doquier.

El tiempo pasa merodeando por ahí y la hora de partir para encontrarme con Simon llega. Pero antes de irme entré a un Kentucky fried Chicken y por 2 libras comí pollo con papas fritas. Bueno, pollo no, técnicamente es Pop Corn Chicken. No terminé de animarme al fish and chips.



Usando mi one day ticket una vez más, tomé el subte y me encontré con Simon en una esquina cercana a Hyde Park. Caminamos por la zona pasando por el palacio de Buckingham; en el trayecto ambos acordamos que no pagar más de 20 pounds por entrar al concierto.



Al llegar al primer acceso, nos ofrecen entradas por 40 libras. Las rechazamos amablemente.



Seguimos caminando. Los revendedores de entradas se multiplican, el tiempo corre, y los precios no bajan.



Finalmente, minutos antes de que empiece el show, conseguimos dos entradas a 20 pounds cada una.



Al entrar al campo comienza a sonar She’s so High y no puedo evitar correr hacia delante. Antes de desaparecer de su vista, arreglo un punto de encuentro con Simon.



Y entonces pienso en eso que dicen de que el público argentino es el mejor y bla bla y pienso que son puras patrañas. Los ingleses se la pasan tomando cerveza y el campo es un reguero de botellas de plástico verde aplastadas por el peso de la multitud. Están todos alegres y arengados...


Las botellas en todas partes y todo el mundo ebrio, entusiasta y gritón.



Al llegar el momento de Tender, la gente se pone particularmente afectuosa con la banda y no para de corear OH MY BABY OH MY BABY durante varios minutos. Ellos lucen visiblemente emocionados.



Intenté pedir porro, me mojaron el pelo con cerveza, había novios protectores, chicas barricada, había muchas cámaras modernas, había muchos borrachos y yo, yo estaba ahí.



Graham Coxon está gordo, Damon Albarn luce cansado, el baterista ahí y Alex James como si el tiempo nunca hubiera pasado.



El show parecía auspiciado por Fred Perry y su nueva colección de camisetas primavera/verano 2009.



Aunque la escenografía son dos mapas políticos de la isla, hacia el final una gigante bola de espejos se erige sobre las cabezas de la banda.



El show termina, me encuentro con Simon, y algunos amigos suyos. Vamos de bares por ahí. La gente toma cerveza en vasos de vidrio mientras conversa animadamente en la vereda.



Los edificios transpiran historia y los bartenders empiezan a echar a la gente. No es demasiado tarde, pero el día fue muy largo.



Y entonces regresamos a la casa de Simon, me baño, me tiro en el sofá y me duermo instantáneamente.







3 comentarios:

querés melón? dijo...

Oh Londres, esa pequeña gran porción de tierra e historias.

No me canso de leer tus eurojohanas. Keep rockin.

Thiago dijo...

London call... Sí, aunque en mi caso el call es française... Oder Sie sprechen mir auf Deutsch, du weiß, ich muss nach Berlin fahren wenn ich Geld habe.

En fin... (Amo éste blog, ¿martes qué vienes café? ¿18/19 hs? Let me know)

johana marshall dijo...

chicos:

gracias por leerme.

escribo por y para ustedes. sépanlo.

mua
j.