sábado, 3 de julio de 2010

4 de julio /// londres --- northampton


Abrir los ojos y ver que la cama de Simon estaba intacta era un claro indicio de que no había venido a dormir. Era la mañana de mi tercer día en Londres y no tenía idea de sí mis amigos estaban ahí, sí podría encontrar hospedaje, sí alguna vez el gentío desaparecería. No tenía idea de nada y eran apenas las diez de la mañana.

Así que me levanté y le pregunté al roomate brasileño sí acaso había algún tren que me lleve a Northampton. Me dijo que no sabía, pero que si había alguno, seguro me podían decir en la estación Liverpool, que no estaba muy lejos de ahí.

Northampton es un pueblo que está a dos o tres horas de Londres. Es un lugar famoso por ser la capital inglesa de los zapatos (y el oficio de zapatero) y sobre todo, por ser el pueblo en el que vive Alan Moore, guionista de comics como Watchmen, V for Vendetta y From Hell.

Alan Moore representa de alguna manera la voz de un gran afán de despertar colectivo y siempre intenta decir algo nuevo respecto de las cosas que ya se conocen muy bien.

Muchas cosas se dicen sobre el célebre escritor: que vive con dos esposas, que fue apresado a los 16 años por vender lsd a sus compañeros de escuela, que se dedica a la brujería, que cuando cumplió 40 ó 50 (no me acuerdo bien) años se volvió completamente loco, etc., etc., etc.

Así que cuando empecé a planear el viaje, busqué personas que vivieran en ese pueblo, que conocieran a Alan Moore y que me ayudaran a encontrarlo.

Mi sueño era regalarle un gigante ramo de flores, pero en vez de eso, conocí a Adam, un fanático de los comics y la música.

Adam me dijo que vivía a pocas cuadras de la casa del señor Moore, que a veces lo cruzaba en el almacén y me dijo que quizás podríamos verlo por la calle.

Así que después de algunos meses intercambiando mails, finalmente iba a conocer a Adam. Sólo que a las once de la mañana no lo sabía del todo.

Salí a la calle y fui directo a Liverpool Station. Aún no sabía si quedarme o irme de la ciudad, pero cada día era una aventura nueva y estar sola me habilitaba para hacer absolutamente lo que me viniera en gana.

Era sábado y el tercer día en casa de Simon. De algo estaba segura: no podía haber un cuarto día allí.

Paseé por la estación hasta que llegué a las boleterías. Allí me dijeron que no había tren a Northampton pero si bus y que salía de Victoria Station.
Así que me tomé el subte a Victoria y en el trayecto empecé a pensar en mis próximos movimientos.

De acuerdo al itinerario de bandas que tracé antes de partir, The Mars Volta tocaba en Amsterdam el miércoles 8 de julio. Mi intención era ir a ese concierto, así que debía planear mi visita a Northampton y el resto de los días en Londres con el fin de poder llegar a tiempo para ver a la banda de Cedric y Omar. También tenía que planear mi regreso a Hamburgo.

Una vez en Victoria Station averigüe los itinerarios y, dado que la perspectiva de pasar el sábado a la noche sola en Londres no me caía bien en absoluto, saqué un pasaje para ir a Northampton ese mismo día, a las seis de la tarde. Y compré otro pasaje para salir a Amsterdam el martes 7 de julio a la noche, desde Londres.

Lo que haría en el medio, no lo sabía. Quizás me quedaba uno o dos días en Northampton y después seguía en Londres un día más. Pero eso lo iba a decidir en base a como me sienta estando en ese pueblo del cual no tenía la más pálida idea de lo que tenía que esperar.

Así que con los pasajes comprados, me dispuse a disfrutar de, por el momento, mi última tarde en Londres. El día estaba soleado, así que fui a Westminster Abbey a ver el Big Ben.

Era sábado a la mañana y como era de esperar, los alrededores estaban llenos de gente. Los autobuses rojos anticipaban los estrenos de la nueva película de Harry Potter y de Brüno, la comedia de Sacha Baron-Cohen.

En la puerta de una de las iglesias cercanas, una joven pareja oriental se sacaba fotos con sus atuendos de novia y novio. Los dos vestidos de blanco, lucían muy felices.

Tengo la teoría de que la única forma de conocer un lugar, de descubrirlo y de llegar a él, es caminando; nada de tours ni cosas por el estilo.

Así que me compré una leche chocolatada y seguí en lo mío.

Con la intención de hacer una visita express a la National Portrait Gallery, me dirigí hacia la zona de Trafalgar Square. En el camino, me metí en varias cabinas telefónicas para agenciarme unos flyers tamaño postal con fotos a todo color promocionando diferentes variantes de prostitutas. Era muy gracioso que junto a la foto, una especie de slogan realzaba la particularidad de la mujer en venta. Si era un chinita raquítica con cara sexy, el cartelito rezaba “oriental model”, si era una gigante mujer negra, decía “Black mama”, si era una rubia rellenita y tetona, decía “busty blonde” y así. La verdad es que había para todos los gustos y pensé en regalarle algunas a Théo a modo de chiste y souvenir.

La gente en las inmediaciones tenía atuendos demasiado extravagantes y era un poco difícil de comprender, pero al llegar a Trafalgar Square entendí todo: era la celebración del día del orgullo gay y en la plaza habían instalado un escenario.

Estaba lleno de personas: militantes, disfrazados, curiosos, hados rosados, leñadoras, turistas, residentes y yo lamentando haberme quedado sin película en la cámara de fotos.

Estuve deambulando por ahí un rato hasta que las cuatro de la tarde llegaron y decidí ir a casa de Simon a buscar mi equipaje y a avisar que me iba.

Llegué, empaqué y salimos juntos hacia el underground. Ante mi relato de lo pintoresco de la marcha-celebración, Simon decidió ir a la marcha con uno de sus flatmates. Yo fui a Victoria Station.

Nos despedimos y recién volví a ver a Simon once meses después, en el cumpleaños de nuestro amigo Fede.

Las seis de la tarde y subir al bus. Al llegar a Northampton tendría que buscar un Internet café porque el número telefónico de Adam estaba en mi cuenta de mail y no lo había anotado.

Llegué a Northampton hacia las siete y media de la tarde. A diferencia de Londres, parecía un pueblo fantasma. Todavía alumbraba el sol pero la estación estaba desierta y al salir a la calle el panorama no era demasiado diferente.

Caminé y la mayoría de las tiendas estaban cerradas. Cuando finalmente logré encontrar algunas personas, les pregunté donde encontrar un Internet café. Me indicaron varias direcciones pero también me advirtieron que posiblemente estaría cerrado cualquier lugar al que quisiera ir.

Efectivamente, al llegar, los lugares estaban cerrados. Así que para no dormir esa noche en la calle, tuve que apelar a mi inteligencia y preguntarme que lugar podría estar abierto, tener Internet y teléfono y proveérmelos.

-Eureka! Un hotel!

Pregunté donde podía haber un hotel, y hacia allí me dirigí. Con la mochila encima, todo era más lento y tedioso, pero finalmente llegué y expliqué mi situación, me dijeron que seguro podía usar la computadora, pero que salía 4 libras los quince minutos.

-Four pounds! ( 25 pesos ) Fifteen minutes! Ok.

Me conecté, busqué el número y llamé a Adam.

Me dijo que me iba a buscar, pero después me dijo que mejor me iba a mandar un taxi.

Mientras esperaba el taxi, me puse a hojear el programa de actividades teatrales de Northampton. Me sorprendí de que estuvieran representando Evita (la caracterización de los actores como Eva Duarte y el Che era un poco demasiado bizarra) pero más me sorprendió aún la temática de un musical llamado “Joseph and the Amazing Technicolor Dreamcoat” de la factoría TimRice-AndrewLloydWebber. Según el resumen, el musical estaba basado en la historia José, ese tipo de la biblia que tenía sueños y después se los contaba al faraón. Lo gracioso era que absolutamente todo era muy demasiado GAY. O sea, biblia + homosexualidad, y sí alguien viera la cara de ese José, pensaría más en una loca desatada y feliz que en un torturado héroe bíblico.

El taxi llegó y de repente estaba en un Mercedes Benz. Es increíble como en situaciones así, donde todo parece perdido, la suerte cambia y las perspectivas también.

Al llegar a casa de Adam, me encontré con que estaban haciendo una fiesta o más bien una previa, ya que cuando la noche cayera, el plan era irse al centro del pueblo a parrandear.

Así que, de la soledad absoluta en la multitud de Londres, en cuestión de horas, pasé a estar rodeada de amigos instantáneos en un pueblo solitario.

Tenían mucha marihuana y alcohol. Había llegado al lugar indicado!

Adam vivía con 3 chicos y 2 chicas en esa casa de dos pisos que alguna vez fuera familiar. Y ahora tan juvenil.

Mary se había mudado hace poco y no estaba familiarizada con sus flatmates, Ashleigh estaba con sus amigas y por algún motivo tenían atuendos de colegiala sexy. Nathan era muy gracioso, cool y fumanchero y a los otros dos no llegué a conocerlos al punto que no recuerdo sus nombres.

Adam trabajaba en una tienda y al día siguiente tenía que levantarse temprano a pesar de que era domingo, su día libre era el lunes. Por ese motivo, cuando le pregunté por los planes para esa noche, me dijo que él no iba a ir al centro. Mary tampoco iba porque no tenía ganas y Nathan estaba dudando.

Finalmente se hizo tarde y los parranderos se fueron y la casa quedó sola. Los que nos quedamos (Nathan finalmente se quedó) fuimos a buscar algo de comida rápida y la noche transcurrió jugando al karaoke en la Xbox que tenían en el living.

Adoro cuando las cosas se dan vuelta tan repentinamente. Me sentía bien, todos eran amables conmigo, y bueno, eso me hacía sentir feliz.

Así que el día terminó en el sillón de Adam.

2 comentarios:

Thiago dijo...

Presiento que me voy a reir mucho con vos el martes jajajaa (llevá las fotos). Sigue siendo éste uno de mis blogs favoritos junto con el de Stéph.

Adoré tus descripciones del mundilo gay jajajaja.

Mariana Moré dijo...

Que gratificante es caer en tu blog, y ver que hay TRES entradas que no leí.
Estoy ansiosima por leer el encuentro con T.

Muchos saludos Johana!